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lunes, 16 de marzo de 2009

Hoy quiero decirte que...


Desde acá, desde esta vieja ciudad donde vivo exiliada desde años puedo ver los barcos que se alejan en alta mar o los que llegan cargados de esperanzas a los puertos de los pueblos de mi tierra. Pueblos en los que la gente vive indeferente esperando lo que no acaba de llegar y que algunos, ya cansados, creen que morirán sin verlo.
Desde acá puedo mirar los ojitos tristes del niño parado detrás de una vidriera contemplando el juguete que desea y que sus padres no pueden comprale porque cuesta más que todo el salario en pesos cubanos devengado por ellos durante un mes de arduo trabajo en una fábrica de tabacos, o quien sabe si hasta en un aula...
Qué más da cual sea el trabajo realizado si de todas formas el salario medio no alcanza para comprar un simple juguete a un niño que sueña con abrazar una pelota de verdad; una de esas pelotas grandes, redondotas, llenas de franjas de colores, de esas que se ven tan bonitas reposando a los pies o en las manos de los turistas sin rostro definido...Turistas que se ven en cualquier portada de revista o en cualquier folleto, donde se anuncian y hasta se venden los paquetes de turismo a las hermosas playas cubanas, a sus elegantes hoteles con sus lujosas piscinas construidas con todo el glamour de la modernidad sofisticada, rendidora del culto a la buena vida y a la magia de los sueños imposibles de alcanzar para la gran mayoría, los que se conocen como “cubanos de a pie”.
Desde acá se puede ver la cara con la expresion marcada por la frustración del maestro que se esforzó inutilmente durante años creyendo que cumplía una misión sagrada, al querer educar al hombre nuevo, al "ser perfecto" para una sociedad perfecta, distinta a todas, incluyendo las anteriores y las actuales foráneas.
El hombre nuevo, idealizado en su concepción teorica como ser superior... Hombre nuevo carente de valores humanos, ciego defensor de una ideología que propicia el culto desmedido a la personalidad del líder. Ideología que sólo ha servido para esclavizar a pueblos y a sociedades enteras, y que hoy parece que muchos pueblos de América Latina se empeñan en abrazar y hasta se ufanan de copiar los moldes fidelistas impuestos en Cuba por más de cincuenta años. Ideología que ha creado un hombre nuevo hecho de arcilla, de la arcilla con la que se funden los mediocres los pusilánimes, los inactivos carentes de opiniones y de acciones popias, seguidores de consignas, los muertos en vida, buenos para nada,
En Cuba el tal experimento del hombre nuevo del siglo XXI ha dado frutos negativos aunque por suerte para la humanidad, muchos se les escaparon de las manos a sus supuestos formadores o educadores. Los escapados son los que hoy forman las nuevas generaciones de cubanos dignos y los vemos por doquier, afanados, luchando por romper las cadenas con las que quisieron atarlos para privarlos de un mejor destino.
Desde acá puedo ver esos rostros sin caretas enfrentandos con dignidad a la realidad de la búsqueda del pan de cada día de una manera honrada y decorosa, sin doblegar la frente, sin complicidad ni miedos aunque actuen cautelosos para burlar las leyes absurdas impuestas por los amos entronizados en el poder por la fuerza desde hace medio siglo. Desde acá también observo que en ellos se vislumbra el amanecer de un nuevo día.
Observo el panorama con sana envidia y con recogijo aplaudo sus pasos disfrutando a plenitud sus canciones atrevidas, sus cuadros, sus poemas, sus obras de teatro, sus retos cuestionando la vida cotidiana, algunos ya aprendieron a escribir sin miedos sobre el diario vivir de los cubanos publicando blogs que burlan la censura , hay cientos de presos en las ergástulas castristas que no se rinden y prefieren morir para que se respeten los derechos humanos en Cuba antes que mendingarle un perdón o hacer una “mea culpa” para que los liberen de sus condenas.
Desde aca puedo escuchar el silencio de las Damas de Blanco desfilando por las calles de La Habana o sus voces reclamando justicia frente al mundo. Siento un profundo respeto por ellas y desde aca, siento la urgencia de unir mi voz a sus reclamos, aunque no sepa como hacerlo, el caso es, por lo menos intentralo.
Tambien puedo ver cómo han pasado los años y muchos ancianos hoy se arrepienten de su ceguera mientras se mecen al compás de la sordina de las tardes mustias sentados inermes en un viejo balcón o detrás de una ventana, mientras su mentes vagan recorriendo los caminos transitados... Caminos que desde el comienzo han estado lleno de tropezones y de sufrimientos en los que se incluyen la separación de las famila, la muerte de los hijos, hermanos y sobrinos, en campos de batallas en países lejanos; el hambre y las carencias de las cosas más elementales... Caminos donde la falta de libertades civiles, las violaciónes constantes de los sagrados derechos de cualquier ser humano, el odio, la envidia, los resentimientos, las frustraciones, la doble moral, la corrupción politica y la represión, han ganado terreno a un nivel tan alto, que estoy segura que ni el más experto de los especialistas en estudios sociales, pudo imaginar alguna vez que se podría llegar a ese estado tan deplorable de miseria economica y humana, en un país que otrora fuera tan distinto, tan próspero y tan alegre.
Hoy amanecí pensando en ti, amor mío. Me siento triste, aunque al fin he comprendido lo distinto que sería hoy nuestro destino, si me hubiera quedado a tu lado, luchando contigo y con los otros.
Han pasado muchos años y aun recuerdo tu firme desición cuando me dijiste: “Yo no te acompaño, yo me quedo. Ellos son los que sobran, ellos son los que tienen que irse”. Fui tonta al no entender aquel mensaje. Como muchos, hice lo mas fácil y renuncié a ti, mi gran amor, por egoísmo, por cobardía, por inmadurez, o por estupidez, sin saber que tambien al hacerlo, perdía mis derechos mas elementales como ciudadana cubana. Les di el gusto de irme y dejarles a su disposición lo que por ley también me pertenece.
Han pasado los años y todo ha empeorado. Desde acá puedo decirte que me siento mutilada. Que me duele ver como andan las cosas por allá y cómo desde aquí casi no puedo hacer nada.
Allá cada día la bestia es más salvaje castigando en las cárceles a los mas valientes, los que se arriesgan a gritar a los cuatro vientos: “Queremos libertad, queremos que se respeten nuestros derechos humanos, queremos elecciones libres, no queremos más autoritarismo, no queremos mas fidelismo ni socialismo, no queremos más dictaduras, queremos justicia paz y libertad en una Cuba con todos, por todos, y para todos los cubanos.”.
No te miento, si te digo que pensando en ti, desde acá siento la carga de mi culpa y la de otros como yo. De nada vale lamentarse pero es de humanos hacer un recuento y pensar en lo vivido, comparar y dudar y hasta tener el valor de reconocer nuestros errores, aunque sea un poco tarde para empezar de nuevo.
He llegado a la conclusión de que Ellos, los presos políticos, los dignos hijos de Cuba, están allí por nosotros, por que les fallamos, porque no estuvimos a su lado cuando más nos necesitaron, porque dejamos que fueran solos a cumplir sus injustas condenas. Hicimos lo que hacen otros millones que se tapan los ojos y los oídos para no ver lo que pasa. Somos culpables por nuestra indiferencia, por nuestra apatía y por el conformismo cobarde que nos ata y nos vuelve incapaces, y nos convierte en cómplices de quienes ostentan por la fuerza el poder.
Pienso que somos victimas del miedo a inmolarnos, somos el resultado humano de quienes han vivido en la zozobra de no saber qué hacer o decir por temor al vecino o el familiar cercano que puede ser un informante delator. El temor impuesto por las represalias oscilantes entre el perder el empleo, y no tener donde ganarse los cuatro quilos prietos para comprar el mendrugo de pan que venden por la libreta de racionamiento, hasta ir preso, o ser fusilado si te juzgan como un enemigo o un traidor de tu pueblo por el solo hecho de robarte una embarcación para huir a otras playas en busca de libertad.
A veces me desesperan los días como hoy, cuando sintonizo la radio o la TV y escucho las noticias que hablan de estas verdades que llevo clavadas en el alma. Aunque quiera huir de mí misma y me empecine en creer que otros son los culpables, de mis y de nuestras desgracias, bien sé que nos moriremos de penas sin ver los ansiados cambios si todos seguimos atados a nuestras debilidades, a nuestros miedos, a nuestras frustraciones...
Todo esto, amor mío, he querido decirte desde hace mucho tiempo, pero mis manos y mi voz se apretaban en mi pecho y mis neuronas no daban el salto necesario para romper las barreras del silencio.
Creo que por hoy te he dicho suficiente.. Ojala puedas entender que a pesar de los años y de las miles de cosas que hoy me separan de ti, aun te recuerdo como lo mas preciado de mi vida, como lo que siempre has sido: Mi primer amor, al que sueño volver algún día antes de cerrar mis ojos por última vez.
Esperanza E. Serrano
Fort Myers, Fl, USA
Marzo 15 del 2009

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