domingo, 26 de abril de 2009

Niños, divinos tesoros


Qué importa que la calle tenga huecos,
que los edificios amenacen con derrumbarse;
triste sortilegio de sueños desvanecidos,
se han llevado los autos de moda,
y ya no habrá ninguno que moleste
corriendo por alguna de esas sendas
oscuras, huérfanas de transeúntes alegres
y de canastas repletas de frutas y carnes.

Qué importa que sea una calle de Centro Habana,
_ centro de la capital cubana _
que importa la indiferencia
de los padres, de los abuelos y de los tíos
ocupados detrás de las ventanas rotas,
en resolver la ecuación del sustento
y hasta de los alimentos del cada día.

Qué importa que el mal tiempo se estacione,
que relampaguee y que la lluvia deje sus huellas
en esos baches que se han vuelto cotidianos,
que importa que el huracán de enero del 59
se haya quedado enredado en esos balcones
que amenazan con caerse en cualquier momento.

Qué importa que afuera la gente diga
que es hora ya de liberar a los presos,
de realizar elecciones libres,
y hasta de barrer las consignas vacías
que han enlutado el alma de los pobres,
de tanto repetirlas a la fuerza,
esperando por una aurora que no llega.

Se hace tarde para los viejos que no cuentan
la mitad de las cosas que callan por vergüenza.
Vergüenza de haber perdido en las apuestas
de ese futuro que llegó cargado de ignominias,
con un bozal, unos arreos atados a la nuca,
y unos pies cansados de subir y bajar la cuesta
con la piedra de Sísifo a la espalda.

Nada cuenta para esos niños que han convertido
la calle de harapos en un campo de pelota;
divina imaginación que los aparta,
del sin pan y sin zapatos y de la angustia
de las generaciones de viejos y jóvenes
adultos que no los miran cuando juegan..

Qué importa lo que piensen los mayores...
Es mediodía, quizás, el mejor momento
para meter un home run con las bases vacías
de esperanzas al compás de la algarabía
de las moscas y ratones, que escondidos
en las escaleras, lloran el espacio
que las cucarachas en mayoría le han robado.

Qué importa que en la V Cumbre de las Américas
Cuba haya sido la de cuerpo ausente, si un Ortega
fue capaz de pronunciar al pie de la letra
el mensaje de los camaleones, viejos militares,
escondidos en los extramuros de La Habana,
donde escribe una singular momia,
reflexiones de insultos y amenazas.

Momia que dice y contradice lo que un supuesto
heredero presidente diga, sin importar si fue en serio
o en medio de una orgía con la cúspide del ALBA
la misma que luego se reuniría con el nuevo inquilino
de la mansión más grande de Occidente.

Qué importa que llueva, truene, o relampaguee,
y que el mundo escuche con indiferencia
las protestas colgadas en cada esquina,
si esa calle está ahí, con sus huecos y miserias,
para que los futuros campeones del equipo
de baseball de La Habana, practique
con entusiasmo desmedido,
botando la pelota que rebota
de plaza en plaza, de pueblo en pueblo
como la antorcha de futuras olimpiadas.

Esperanza E. Serrano

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