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martes, 2 de junio de 2009

Crónica de una detención arbitraria


Por: Roberto de Jesús Guerra Pérez, Periodista Independiente, Director del Centro de Información Hablemos Press (CIHPRESS) y Vice-presidente primero del Consejo de Relatores de D.H en Cuba.

El 29 de mayo como cada mañana, el periodista Julio Aleaga Pesant, salió a las 7:30 horas de su casa para llevar a su hijo Walter Esteban a la escuela donde cursa el primer grado. Al salir de su edificio, frente al malecón habanero, advirtió la presencia de un individuo desconocido, demasiado observador para ser uno de los trasnochados que vagabundean el céntrico barrio al amanecer.

Sin mayores preocupaciones dirigió sus pasos hacia la escuela Chiqui Hernández, ubicada frente al Instituto Superior de Relaciones Internacionales y luego de despedir con un beso al vástago, encaminó sus pasos para cumplir su plan de trabajo del día. Desconocía que 50 metros delante en su ruta, el mismo individuo lo esperaba y que el auto Lada de la Guardia Operativa 1185, de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) le acechaba por detrás.

Ensimismado en sus pensamiento, solo se percató de su detención cuando el mismo hombre joven que esperaba en los bajos de su edificio al salir, se le acercó enseñándole una identificación del Departamento de Seguridad del Estado (DSE), le pidió el carnet de identidad y le obligó a montar al auto policial que a toda velocidad se acercó a ellos, mientras una mujer policía abría la puerta trasera.

El “seguroso”, se identificó como Ricardo y se sentó a su lado en la parte posterior, mientras les decía a los conductores que se dirigieran al cuartel de la Policía Nacional Revolucionaria, situada en la calle Zapata y C, en el Vedado.

La humedad de los cuarteles policiales golpea el olfato de los detenidos, por su hedor característico. Zapata y C, no es la excepción. Al periodista se le hizo circular por varios pasillos hasta la carpeta donde un soñoliento oficial le hizo sentar en una silla. Cuando el ex profesor de la Universidad de La Habana pidió llamar por teléfono a sus familiares para que supieran de su situación, se le negó.

El “seguroso” regresó quince minutos más tarde para cambiarlo de asiento dentro del mismo salón, mientras, Aleaga Pesant trataba de mantener la postura que indicara seguridad y concentración. De nuevo quince minutos más tarde regresó Ricardo que lo conminó a acompañarlo a un salón rectangular de 2 x 1 metros, en el ala oeste del edificio.

Con “alias” Ricardo el joven policía fue cuidadoso en el trato con el reo, pero su juventud e inopia lo traicionaron al tratar de mantener un diálogo inteligente con el periodista independiente. Desconocer quién era el General y Presidente de Francia, Charles De Gaulle, o la visión de los patriotas cubanos Generales Calixto García, Máximo Gómez y Manuel Sanguily o Juan Gualberto Gómez en la construcción nacional, fueron los botones de muestra del oscurantismo. Por eso acudió a la amenaza con la Ley 88 o Ley Mordaza.

En su auxilio debió venir un segundo oficial, que parece escuchaba la conversación desde un lugar cercano. El nuevo interlocutor más pragmático, se concentró en los puntos de interés, el trabajo del Centro de Aplicación de Márquetin y la Publicidad Política, y sus actividades de investigación académica entre otras, la política Exterior Cubana en el 2008.

También le interesó a los policías, los Cursos de investigación para periodistas independientes, a través de los medios digitales impartidos en teleconferencias que organizan países amigos a la democracia en la isla, y el trabajo de cara a participar en las elecciones que desarrollan algunas organizaciones prodemocráticas como el Partido Liberal de la República de Cuba, que preside Silvio Benítez Márquez.

Pasado el meridiano horario, los oficiales decidieron liberar al detenido.

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