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viernes, 31 de julio de 2009

En busca de un tocayo

Jose Alberto Alvarez Bravo.

Una de mis peores obsesiones siempre ha sido tratar de no ser injusto con nadie. Pero a veces sucede que incurro en injusticias conmigo mismo.

Como ejemplo de autoinjusticia puedo citar la dilación, por tiempo indefinido, de un esfuerzo claro y decidido por conocer, ya sea virtual o personalmente, a uno de mis paradigmas en el ámbito periodístico.

Siempre que leo alguno de sus trabajos, concluyo que a Jose Hugo Fernández le habría estado vedada cualquier otra actividad humana que no fuera escribir. Esta persona se dedica a lo que vino a este mundo. De ahí su insuperable calidad, y mi confesa admiración por su magisterio.

Durante muchísimo tiempo, me limité a desear conocerlo, pero a medida que mi fascinación por su estilo fue creciendo, se ha ido convirtiendo casi en una necesidad física.

Luis Cino, Jorge Olivera, Miguel Iturria, y otros varios colegas, no han sabido responder sobre su identidad, su correo electrónico, u otra forma de comunicarse con él, por lo que aprovecho mi incipiente vinculación al mundo de la comunicación masiva, para pedirle a este singular colega que me permita un acercamiento personal, al menos por vía digital, para reparar la autoinjusticia de que hablé al principio.

No tengo que decir que a Jose Hugo le asiste todo el derecho a rehusar mi petición, ya que también está demás esclarecer que toda interrelación humana requiere del consenso.

Si Jose Hugo no está interesado en mi propuesta, sepa que lo seguiré leyendo con la misma asiduidad, aunque, sinceramente, con un pesar cierto.

Concluyo exhortándolo a seguir escribiendo con esa insuperable maestría, y si tiene alguna lista de fans, que me incluya.

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