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jueves, 24 de diciembre de 2009

Dar y no recibir



Suceso narrado por el comunicador comunitario Guillermo del Sol.

Hoy nuevamente ocupa nuestra atención un caso del que ya conocemos parte de la historia, se trata del cochero Arnaldo Feliciano Rodríguez, quien reside en calle 3ra y Circunvalación, No.26, Reparto Brisas del Oeste. Santa Clara, Villa Clara, quien continúa sin poder laborar.

"Yo te conté hace unos meses lo sucedido respecto al accidente, y en esta ocasión te diré que el día veinte y ocho de Octubre murió el caballo que me estropearon en el famoso accidente que ya te conté, este animal lo tuve que regalar al Parque Zoológico Camilo Cienfuegos, para alimentar los leones que se están muriendo de hambre.

Entonces compré un caballo, pero para ponerlo en el Patrón, (documento de propiedad), tiene que ser cuando ellos lo entiendan, tú sabes el burocratismo. Porque no di baja al animal fallecido, pero si doy baja pierdo el Patrón y luego para recuperarlo me demoro mucho más. Entonces no pude hacer traspaso, porque te ponen un tiempo que ahora es quince días para arreglar muchos papeles, si en ese plazo no das baja después tienes que pagarles cien pesos para poder dar baja, a su vez para este trámite tienes que llevar una carta de compra venta que la dan en el Registro Pecuario".

"Ahora ya tengo todos los papeles, solo falta el trámite del Patrón para luego ir para los (Verdes), Oficina de Control de Patentes y Licencias Operativas. Yo espero que antes que acabe el año pueda trabajar".

"Llevo sin trabajar prácticamente desde el accidente en el año dos mil ocho, manteniéndome con una chequera de 200 pesos. De este dinero tengo que comprar la harina y la miel para el Caballo, además de satisfacer mis necesidades. ¿Tú crees que alcance?"

"Yo quisiera tener hoy veinte años, a ver quien me iba a mencionar zafra, agricultura, construcción. Tanto que he trabajado para la Revolución y mira las cosas que me están pasando, ya no valgo nada".

Cada día son más las limitantes para los cocheros. Ángel Hernández Cárdenas, vecino de calle 3ra y Circunvalación, Reparto Brisas del Oeste, Santa Clara, nos narra como ocurrieron los hechos:
“Bueno, en realidad mi esposa Yusimí Sosa Abreu se encontraba enferma hacía varios días. El día que acontecieron los sucesos que a continuación te narro, yo trabajaba, me avisaron que mi esposa se encontraba con un dolor. Me dirijo hacia mi casa, estando en el camino vecinal a unos cuarenta metros de mi hogar, soy detenido por agentes de la Policía Nacional Revolucionaria los que me comunican que tienen que llevarme detenido para la Unidad pues el carretón está oscuro, además tienen la orden del Coronel que todo carretón que no cuente con la carta que autoriza a circular de noche va preso. Trato de explicarle la situación que me llevó a circular de noche, que por favor me dejasen llegar a mi casa y saber en que estado se encontraba mi mujer. Ellos se negaron, no me quedó otra alternativa, que dirigirme hasta la casa sin el consentimiento de estos. Al entrar me encuentro a Yusimí en cama con un fuerte dolor en el abdomen, le cuento lo sucedido y le digo vístete que vamos para el hospital, después que hagan lo que tengan que hacer conmigo. Al salir de mi casa, me encuentro a uno de los agentes que comienza a tratarme con frases vulgares, le digo que primero llevaré a mí mujer al médico, la monto en el carretón y estando dispuesto para salir el caballo se negó a caminar. Serían aproximadamente las ocho de la noche, ya para ese entonces se encontraba junto a nosotros un gran número de vecinos, los que comenzaban a quejarse por la forma en que se dirigían a mi persona estos policías. A mucho esfuerzo logramos que el caballo llegase hasta la cañada albañal que dista de mi hogar unos cincuenta metros, allí se salió del cruce y atascó el carretón”.
“Entonces comenzó un asedio verbal fortísimo contra mi persona, llegando a cuestionar si en verdad mi mujer estaría enferma, yo estaba nervioso, los vecinos comenzaron a protestar más fuerte, reclamaban por mí como si fuesen familia. Los agentes querían tirar del caballo con el jeep de policía para sacarlo de la cañada, decían que le darían un tiro en la cabeza, en esta polémica pasaron unos treinta minutos, el caballo decidió caminar con la ayuda de un agente que tiraba de él mientras repetía, el caballo va preso es la orden que tengo, a lo que un vecino declaraba: “Espósenlo y móntenlo en el jeep”. En esta ocasión camino hasta la Circunvalación, unos cincuenta metros más, los vecinos nos seguían, para ese entonces habían pedido refuerzo los agentes. Pues una vecina reclamó ¿Por qué no trasladaban a la enferma al hospital? ya que ellos tenían el único transporte existente en ese momento. A lo que el oficial respondió, yo cumplo órdenes del Coronel, ¿Quién es usted para decirme lo que tengo que hacer?: “Yo soy una defensora de los derechos humanos”. Solo esta frase (sin comentario). Estando en la Circunvalación, nuevamente estancados ante la negativa del equino a proseguir la marcha y encontrándose reunidas un número mayor de personas, se presentó un oficial del Ministerio del Interior, con grado de Mayor del cual supe posteriormente, que llegó al lugar de forma accidental, pues venía de su trabajo y reside en el barrio. Este señor se interesó en el problema y rápidamente detuvo un auto me embarcó con mi mujer rumbo al hospital, no sin antes advertirme que cuando resolviera el problema me presentara en la 5ta.Unidad Policial.”
“Para no caer en el tedio concluiré contándoles, que en la Unidad me impusieron una multa de treinta pesos y me dejaron el carretón preso por quince días como medida preventiva. “Nada, que el único inocente de esta historia era el caballo”.

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