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martes, 9 de febrero de 2010

Hospital Mazorra y otros: "No es la primera vez que matan pacientes"

Por Jaime Leygonier/ Colabora con el Centro de Información Hablemos Press.


 

Ciudad de La Habana.— El rumor público y la denuncia de la prensa independiente sobre la muerte en masa de pacientes psiquiátricos por causa de inanición, maltratos y frío, obligaron al gobierno a reconocer 26 muertes en pocos días en el Hospital Psiquiátrico de La Habana. Pero no es la primera vez que ocurre.

Pese al miedo, los testigos empiezan a informar sobre los ex - presidiarios "cuidadores", castigos a golpes, muerte por deshidratación e inanición, robo de alimentos, abusos sexuales y que el gobierno lo sabía hace décadas.

El maltrato y el abandono de los enfermos son la norma en hospitales psiquiátricos y ancianatos, donde este tipo de muertes resultan rutinarias; llamaron la atención ahora en Mazorra al hacerse masivas, por varios días de frio extraordinario para el clima de Cuba. Y hubo otros casos de muertes en masa que el gobierno logró mantener en secreto.

En el hospital psiquiátrico de la antigua Quinta Canaria, en los 9O - antes de 1995 - ocurrió un caso de muerte masiva similar al reciente, trascendió menos y el Régimen lo ocultó. El Gobierno castigó al jefe de Servicio Elio, con enviarlo a trabajar como chofer a Angola cuando el robo de víveres provocó la muerte de un grupo de enfermos.

Según una psicóloga veterana:"Los pacientes no les importan a nadie más allá de usarlos para la propaganda política con Mazorra, donde la gente ve desde lejos un paraíso de enfermos mentales cultivando rosas, y hay tours para extranjeros a quienes el grupo de enfermos mentales que tienen para ese fin, ofrece un show con canto y baile. Tras las bambalinas de Mazorra y en otros sanatorios, los pacientes son desatendidos en instalaciones anticuadas, deficientes, necesitadas de reparación, con hacinamiento, carencia de todo, hasta de agua potable y aseo, encerrados en condiciones carcelarias a la merced de los maltratos de quienes deberían cuidarlos. Los empleados, muchos de ellos ex - presidiarios que acaban de cumplir condena o están en libertad condicional, y el gobierno los asigna a trabajar allí. Son sus amos. A uno que cumplió condena por abuso lascivo lo pusieron a trabajar allí y no tardó en verse acusado por una enferma mental de "un incidente que no se comprobó", no le pasó nada, ahora trabaja de jefe del Departamento de Asistencia Social en uno de los dos Policlínicos de Lawton. Ocurren abusos sexuales con enfermos mentales de ambos sexos, ¿quién los cree si se quejan? Nadie puede saber lo que pasa en la mente de un depredador sexual para autorizarlo a cuidar a enfermas. Los jefes se roban la comida, las sábanas, las toallas, los materiales para reparaciones, !como en todas partes! si un familiar le entrega al paciente un abrigo se lo roban enseguida los cuidadores; les pegan y dicen que fue otro paciente; cualquier paciente muere deshidratado o de inanición, tirado en la cama sin que a nadie le importe atenderlo. Como ahora fueron demasiadas muertes, una nube de agentes de la Seguridad del Estado tomó el hospital, dicen que hay 50 empleados presos y están poniendo las ventanas rotas desde hace años".

El Lic. Miguel Ángel García Puñales, funcionario en 1988 del Centro de Información para la Salud, del Ministerio de Salud Pública, y hoy exiliado en Madrid, me refirió entonces que el director del Centro, Dr. Aldereguia ( hijo ), aconsejó en informe al Gobierno dejar de emplear para su propaganda al Hospital Psiquiátrico de Mazorra.

En 1959 Fidel Castro invirtió en mejorar ese hospital, nombró director al Dr. Bernabé Ordaz, Comandante "de la Sierra" y la propaganda de Castro comparaba frecuentemente el abandono de los enfermos psiquiátricos bajo gobiernos anteriores y las magníficas condiciones que gozaban bajo el suyo. Lo cual fue cierto. . . un tiempo.

Según el Dr. Aldereguia (hijo) esas condiciones eran buenas acorde a criterios de los años 50 y 60 de cómo debía ser un hospital psiquiátrico, criterios obsoletos en los 80 en que el Hospital necesitaba urgentemente una nueva inversión para adecuarlo o. . . ¡dejar de usarlo para propaganda política! - como proponía.

Los informes estilo "perestroika" de Aldereguia no gustaban "arriba": Castro no autorizó inversión para modernizar Mazorra ni para reparar lo viejo, y continuó propagandizándose con su maravilloso hospital psiquiátrico.

La propaganda cesó hace apenas unos 10 o 15 años: "Castro's" la sustituyó por el silencio con que oculta los males sociales. El Gobierno sabía del problema desde los 80, y lo calló, hasta que le estalló en la cara este invierno del 2010.

Faceta más divulgada del hospital fue su empleo para encubrir torturas a disidentes políticos, según la tradición soviética: La sociedad comunista era tan maravillosa que quien se le opusiera tenía que estar loco y había que internarlo.

Estuve preso 41 días en la sede de la Seguridad del Estado, Villa Marista, por "delito de propaganda del enemigo"- por unos letreros de: "Jubílate (retírate) Fidel"-.Por ello, en enero de 1990, en invierno, me enviaron dos días a "hacerme exámenes" en el pabellón de presos del Hospital psiquiátrico como parte del "ablandamiento" para que confesara mi insignificante "crimen".

Me explicaron varios pacientes que era un pabellón "de lujo". El deterioro de Mazorra apenas comenzaba y recuerdo hacinamiento, escasez de agua, comida fría y desabrida, sin ventilación, con constante olor a orines, cuando les entregaban los psicofármacos, muchos en vez de tomarlos los canjeaban por cigarrillos a quienes querían drogarse.

Después de las 6 de la tarde cerraban la doble reja de la puerta y no abrían hasta la mañana siguiente, la disciplina la imponía como "mandante" Lázaro, un argentino, santero de religión, preso por tráfico de marihuana, quien nos recordó cierta protección a los dos presos de Villa Marista: un adolescente de Batabanó preso y a mí.

Tenían un patio con un árbol - y decían que jardín- al que jamás salían, permanecía cerrado con un candado por una puerta de planchas de hierro.

Allí tenían entre los criminales alienados a un adolescente de 16 años que no era loco, sino retrasado con edad mental de 5 años, del campo de Matanzas, alto, sonrosado, y rasgos aniñados y feminoides; me dijeron que la familia para deshacerse del cuidado de este huérfano especial declaró en falso que los había atacado con un cuchillo.

Lo peor que sufrimos de Villa Marista fueron ese par de noches en Mazorra y no el temblar con el aire acondicionado, la luz día y noche, la celda tapiada, la pérdida de conciencia del horario y los interrogatorios de madrugada, torturas que nos pusieron bien necesitados de atención psiquiátrica real, y no fingida.

Y estábamos allí por insignificancias: Por ello no dudo de las denuncias sobre electro-shocks y torturas en Mazorra a detenidos por causas políticas de importancia.

Un médico me afirma:"Para el pueblo, el difunto Dr. Ordaz era el dios benefactor de los locos. Mantuvo el hospital bien, mucho tiempo, porque era importante para la imagen del Gobierno y él tenía poder para telefonear a su amigo Fidel Castro y conseguir cualquier cosa. Quiso ante su hospital un gran arco de triunfo de hierro y, como no le podían dar la grúa, llamó a Castro y paralizaron una construcción para complacerlo. Ahora dicen que en vida de él no hubieran ocurrido estas muertes, no es así, él se rodeó de administradores ladrones y se enriqueció; tenía varias casas y en ellas los locos eran sirvientes, tanto robó que Fidel tuvo que quitarle el feudo, discretamente, por la imagen."

Otra persona defiende al Dr. Ordaz: "Eso no fue así, mi primo trabajaba en Mazorra y me contó: Ordaz vivía para sus locos; pero era muy viejo, más que Fidel, le fallaba la mente y se le perdió una donación para el hospital de cientos de miles; pero no robaba, le fallaba la cabeza y sus administradores le robaban. ¿Qué administrador no roba aquí?".

El médico disidente Darsi Ferrer, actualmente preso sin juicio desde el 21 de julio, conversando conmigo lamentó la dificultad de conseguir pruebas sobre los horrores en los hogares de ancianos y me explicó: "Están desnutridos porque les roban la comida, que además es pésima, el vasito de leche es agua; hacinamiento, si los ancianos se postran se pudren de escaras, orines por todas partes, si alguno se pone majadero por la noche, hay enfermeras que para tener su guardia tranquila y que no le alborote a los demás, le da algún sedante fuerte que nunca recetó el médico, a los pocos días de esa "medicación" un anciano válido pierde la mente, se postra y sobrevienen las complicaciones, escaras, infecciones pulmonares y urinarias. Además, los empujan, les pegan a los locos y a los ancianos; sus moretones son fáciles de justificar como que se agreden entre sí. ¿Cómo probar eso?" - ¿Quién no puede desmentir a un demente que dice la verdad?

Caritas parroquial de la iglesia de La Milagrosa, en 1997 envió a quien esto escribe, al asilo de ancianos de Diez de Octubre entre San Nicolás y Calzada de Luyanó, para preguntar si habían recibido cierta donación de sacos de leche de esa asociación católica, supo así el administrador que sus superiores le habían entregado dos sacos de menos.

Un joven que trabajó en el hogar de ancianos de calzada de El Cerro, frente al asilo de Santovenia, me relató: "Nadie quiere trabajar en un asilo de ancianos o locos, atenderlos de corazón sólo lo hace una buena hija con su propia madre o personas con vocación muy humana! y aceptan a cualquiera, delincuenticos que no sirven para trabajar y menos para hacer de Teresa de Calcuta. En los 90 teníamos unas viejitas ya dementes y la diversión de tres jóvenes empleados era bañarlas con manguera, especialmente les resultaba cómica una que se ponía muy rabiosa por su desnudez y las burlas. No creían hacer nada malo, lo contaban a todos como travesuras y la administración lo sabía. Aquí los viejos y locos no son personas."

Una profesora, comunista, recluyó a su esposo en El Hogar del Veterano, en La Víbora. Relata que allí acudió a los gritos de auxilio de un anciano y encontró que éste se había defecado en la cama, y una empleada lo limpiaba con la escoba de barrer el baño, lo cual evidentemente ocasionaba al inválido dolor y humillación:

Le dije: "Ni a un animal se le trata así." El viejito gritaba:"Torturadores, son peor que los de Batista"(dictador cubano desde 1952 a 1959 que Castro sustituyó) tenía que dolerle que le pasaran la escoba. Quien no tiene otro remedio que poner en esos sitios a un familiar vivo en angustia, visitándolo, dándoles a todos los empleados regalitos - un dulcecito, una caja de cigarrillos, café - para congraciarse; pero sabes que no puedes vigilarlos todo el tiempo, temes lo que pueden hacerle cuando vuelvas la espalda, y no todos pueden regalar y visitar tanto, y a los ancianos que están solos por abandonados o sin familia ¡les hacen horrores!" - Otras personas mencionan la práctica de limpiar con escoba a los postrados.

El periodista independiente Roberto Guerra - quien publica en www.cihpress.com - declara: "hace años que la prensa independiente denuncia que en Mazorra bañan a los presos con chorros de agua fría a las 6 de la madrugada, y no les dan toallas para secarse, dicen que es para que estén limpios cuando los médicos pasen visita; los golpean, les roban la comida. Las ventanas están rotas y sufren frío, ahora que murieron demasiados es que el Gobierno lo reconoce a medias. Dicen que llevaban varios días alimentándolos solamente con arroz y papas."

La investigación del Centro de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional que preside el Sr. Elizardo Sánchez Santa Cruz, recoge 38 pacientes muertos - la nota gubernamental solo reconoció 26. Ocurrió que a muchos enfermos los remitieron a otros hospitales donde murieron, sin aparecer por tanto en la estadística de Mazorra.

Imposible calcular el número total de víctimas, ni los de Mazorra, ni del incremento de fallecimientos que es razonable haya ocurrido por el daño del frío a los desnutridos y sin abrigo de todos los hospitales, hospitales psiquiátricos y asilos para ancianos, cuyas condiciones no son para nada mejores que las de Mazorra.

En crisis total, con hambre, sin que nadie pueda vivir de su salario y sin robar, bajo una dictadura que convierte todo mal social en secreto de estado y castiga como delito su revelación, en asilos donde como nadie quiere emplearse, emplean criminales.

Tras paredes que aíslan a los dementes de una sociedad donde "los libres" en su sano juicio carecen de alimentación adecuada, de derechos, y callan tantos que ¡ni la Iglesia se atreve a orar por los muertos del Hospital Psiquiátrico!

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