miércoles, 7 de abril de 2010

Delincuentes uniformados y amparados por el gobierno de Cuba

Por Jorge Alberto Liriano Linares, prisionero en Cerámica Roja.

Camagüey/CIHPress —En la zona rural conocida como Conquista, en el municipio Florida, Camagüey, agentes de la policía nacional de Cuba abusan de su poder empleando bárbaros métodos de represión contra los campesinos.

Imputándoles cargos falsos a los que se enfrentan ante el corrompido y sanguinario actuar del primer teniente Osvaldo Coba Rodríguez, jefe de sector en esa localidad, quien empleando la violencia, viola los más elementales principios de la convivencia humana.

Testimonio de eso nos brinda el joven Manuel Espinosa López, de 23 años de edad, quien recientemente ingresó a prisión, acusado de un supuesto e improbable delito de hurto, el cual asegura haber establecido una queja por acoso represivo del funcionario Cobas ante la Delegación Provincial del Ministerio del Interior luego que este lo amenazara de perderlo en años si no colaboraba en sus turbios e inescrupulosos tejemanejes de enriquecerse mediante el hurto y sacrificio de ganado vacuno y el robo de caballos.

Según el humilde campesino, el primer teniente Cobas utiliza a muchos jóvenes del lugar para cometer asaltos y robos en las fincas de las zonas brindándole impunidad por cuantiosas sumas de dinero. Asegura también que para los campesinos de Conquista, el primer teniente Cobas es el amo del pueblo. Para los que se revelan a sus corrompidos actos tiene las armas empuñadas por una cuadrilla de servilistas auxiliares que participan en sus deshonestos actos de extorción y saqueo.

Por años en el poder judicial, Cobas, ha aumentado su patrimonio lucrando y extorsionando a los guajiros del lugar, admite Miguel Pueblas Suárez, de 43 años de edad, quien también fue víctima de los abusos de este militar al enfrentarlo cuando uno de sus auxiliares José Docampos Rojas, sin autorización penetró en su propiedad y trató de sustraer a la fuerza una puerca y dos carneros por orden del primer teniente.

La resistencia al vandalismo le costó 7 años de cárcel al pobre y humilde guajiro Miguel, que fue acusado de atentado por defender su dignidad y derechos.

Estampas de crímenes empañan nuevamente nuestra historia. Las fuerzas represivas al servicio de la tiranía pisotean cruelmente sin escrúpulos los derechos y libertades del pueblo.

Los vandalismos policiales aumentan creando la angustia y la desesperanza de un pueblo sumido en las desigualdades, las injusticias, y la violencia de la dictadura totalitaria en el poder por más de medio siglo.


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