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sábado, 12 de junio de 2010

Mujer en busca de empleo

Por Aimée Cabrera.

Ana Rosa Ledea es una cubana y habanera de estos tiempos. Es joven y dinámica, siempre con mente positiva en busca de la mejor solución para el bienestar de su hogar, y sobre todo el de su hijo de once años, que termina en estos días el quinto grado del nivel primario.

Su pensamiento ha estado dirigido a encontrar la estabilidad que es tan difícil de hallar en Cuba. Ella recuerda como en el 2003 su esfuerzo por irse ilegal del país con su pequeño se desvaneció. Ana Rosa que es una mujer decente y que estudió enfermería, tuvo que cumplir una sanción de cinco años, que la incapacitó para volver a ejercer su profesión.

Entonces comenzaron a aparecer ofertas laborales por el estado muy mal pagadas, hasta que ella decide con la ayuda de amigos y colegas, trabajar por cuenta propia. Estos trabajos son muy perseguidos por los inspectores que buscan defectos, a veces donde no los hay, para a través del chantaje obtener ganancias, que pueden ser dinero o especias relacionadas con la actividad que supervisan.

Ahora se ha quedado sin el empleo de lunchera que realizaba en una cafetería cuyo dueño falleció y no tenía ningún vínculo familiar con ella, y comenta: “Él me tenía afecto, conocía de mi interés, de cómo no le tengo miedo al trabajo. Primero fregaba y limpiaba, después me puso a trabajar como lunchera”.

Y continúa Ana: “La cafetería quedaba cerca de mi casa, cuando los controles de los inspectores aumentaron, me propusieron trabajar tarde en la noche; yo seguí, pero llegó el momento en que aparecieron jefes de los inspectores, y las multas eran muy altas- $1500.00 pesos (unos 60 CUC), no me quedó más remedio que quitarme”.

“Ahora estoy en la búsqueda de un trabajo que pueda hacer en mi casa. Son los meses de vacaciones de mi hijo y quisiera poder estar un poco más a su lado. Pudiera ser cosiendo, unos amigos me ayudarán porque lo que no puedo es hacerme ideas con un trabajo por el gobierno, hay mucha gente que se ha quedado sin trabajo”.

Ana prosigue su conversación y sonríe. Ella es activista del frente Femenino Gladys Núñez, presidido por la también joven y madre, Martha Bonachea, quien trabaja junto al Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC) dirigido por su secretaria general, la Dra. Maybell Padilla.

Ambas mujeres encaminan sus esfuerzos para que las mujeres sean respetadas y puedan optar por empleos cuya remuneración les facilite un mínimo de decoro y estabilidad, no sólo para ellas, sino para sus familiares y hogares en general.

La mujer cubana aún trabajando fija suele ver pisoteados sus derechos cuando no se le respeta su licencia de maternidad, o licencias sin sueldo a las que debe acogerse en ocasiones por presentar problemas de salud, con sus hijos o algún otro contratiempo.

Ella es en la mayoría de los casos hombre y mujer para su hogar. En estos tiempos ve tambalearse su plaza, con la nueva reubicación laboral, la que puede perder en caso de que lleve poco tiempo ocupándola con respecto a otros trabajadores; también suele perder estimulaciones cuando sus hijos son pequeños y no puede cumplimentar requisitos tales como no tener llegadas tardes ni ausencias, aunque cumpla con el contenido dispuesto en su puesto.

El caso de Ana Rosa es el de muchas mujeres que en Cuba han decidido trabajar “por la izquierda”- de forma ilegal- en espera de que el Ministerio del Trabajo ofrezca permisos a los particulares para ejercer distintas profesiones y elimine tabúes, tales como el que deben existir vínculos familiares entre quienes trabajan en colectivo.

Las mujeres viudas, divorciadas o solteras son muchas. Las que están casadas o tienen pareja son menos, pero todas necesitan colaborar con la familia y llevar a casa un sueldo. Por eso se les ve en las paradas del ómnibus, o dejando a los niños en el círculo infantil o la escuela, si no desanda las calles pregonando comestibles o útiles para el hogar.

Ellas trabajan, y a la vez piensan en qué cocinarán cuando lleguen al hogar, o qué tareas deben realizar. En ese ejército de mujeres independientes y capaces está Ana, quien no pierde la esperanza, ni el optimismo.


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