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martes, 10 de agosto de 2010

Evaluación o cuestionamiento

Por Aimée Cabrera.

Entre los días 29 y 30 de octubre del presente año, tendrá lugar el X Congreso del Sindicato de los Trabajadores de la Salud, en el cual se tratarán temas tan candentes como el relacionado con la calidad de los servicios, la elevación de la disciplina laboral, o la racionalidad en el uso de los recursos materiales y humanos, entre otros.

Si bien la Salud Pública ha sido uno de los estandartes del gobierno cubano, junto a la Educación, en los últimos años ha sido deplorable el desempeño de buena parte de sus trabajadores como constatan pacientes y familiares de enfermos a través de quejas o de comentarios adversos a este sector denominado “La Potencia Médica”.

No es menos cierto que aún quedan muchos trabajadores de la salud que se esfuerzan por dar lo mejor de sí, pero su comportamiento contrasta con el de los que no cumplen con lo estipulado y ponen en evidencia una falta de ética atroz, a través de los habituales sobornos que pueden incluir hasta el pago de sus funciones.

Un residente del centro de la capital recuerda lo que tuvo que dar en la sala de un hospital cuando un pariente cercano estuvo ingresado por varias semanas. “Lo pude dar porque alquilo a extranjeros, pero el monto fue por las nubes, me daba pena ver a los familiares de los enfermos que no tenían mis posibilidades” –resume.

Otros, como el que llegó herido a un cuerpo de guardia, y tuvo que marcharse para su casa en la periferia, y aguantar la hemorragia hasta que le dieron los puntos requeridos en un policlínico de su barrio. Su relato publicado en una sección de quejas de un diario habanero, trajo como consecuencia que se sancionaran a los inculpados.

Familiares de ancianos que deben permanecer en sus casas por estar inválidos se quejan de la poca atención del Médico de la Familia que se supone sea el médico de cabecera, ese que está al tanto de la salud de los pacientes, que viven en el área donde se encuentra su consultorio. Mucho menos se cumplen similares expectativas con los trabajadores sociales que deben cumplimentar visitas y entregar donaciones concebidas para estos casos.

La situación de estos trabajadores es tan desesperante como la del resto de la fuerza laboral cubana. Ellos, mucho más por realizar una labor tan especial, en la que la vida y el bienestar del pueblo pueden estar en juego.

Las sanciones no son la solución al mal trabajo. Quizás el “Talón de Aquiles” esté en el nivel de exigencia, muy superior a las condiciones laborales que brinda el Ministerio de Salud Pública. Sus trabajadores perciben salarios y estimulaciones que no son suficientes, trabajan sin un mínimo de condiciones, y su única vía de mejorar es trasladándose a otros sectores como el del turismo, o partiendo a una misión en el exterior, aunque tengan que sufrir todo tipo de inclemencias.

Es la única posibilidad de reunir dinero en ambas monedas para poder resolver todo lo que necesitan en la casa y para cada miembro de la familia. Ya son muy pocos los que prefieren quedarse en la Isla; la misión se convierte en la máxima aspiración para los que debieran ser estimulados de manera más seria, con vistas a obtener logros sólidos y duraderos.

Muchas dudas quedan por aclarar en este sector, cuando la población mira con recelo tan importantes servicios. Aún muchos recuerdan los ancianos que murieron de frío en el hospital psiquiátrico, antiguo Mazorra, por no tener ni un cobertor para protegerse. En los días de esta tragedia se dio a conocer el hecho, sin embargo, nunca se dijeron las medidas tomadas.

Los dirigentes sindicales y ministeriales de este sector tienen un gran reto a enfrentar en muy poco tiempo. Sus debates deben estar encaminados a perfeccionar la disciplina laboral de sus trabajadores, como forma de aumentar, con integralidad, la calidad de sus servicios a la población.

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