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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Injustas fusiones de entidades laborales


Por Aimée Cabrera.

Yaíma es madre soltera de un niño de 7 años; ella vive con su madre y su hermana, estudiante universitaria. La familia se sostiene con dos salarios que no llegan sumados, a la cifra de mil pesos -unos 40 CUC- razón por la cual, ninguna de las dos falta a sus centros laborales.

La madre está en la recta final para jubilarse y continúa haciendo su labor en el departamento de personal de una empresa sin importancia. La hija tuvo mayor suerte como auxiliar de contabilidad de una entidad que le suministraba una serie de comodidades.

Yaíma aún no ha cumplido los 30 pero desborda una madurez sorprendente, debido a haberse criado con un sinfín de carencias y a haber sido siempre el brazo derecho de su progenitora, para todo lo concerniente al hogar y a la familia.

A punto de independizarse y con la ilusión de comprar un cuarto para ella y su niño, tuvo que dejar a un lado todos sus sueños, cuando se dio cuenta que algo raro y no bueno empezaba a suceder en su centro laboral.

Ella narra que: “En el trabajo, todos nos sentíamos seguros, había buena comida y merienda en el comedor, nos daban un módulo de ropas todos los años, y otros de comida, aseo personal y los 10 CUC, ya nada más nos queda el dinerito que apenas nos ayuda a equiparar el sueldo.”

Esta joven trabajadora no sabe en qué parará su situación laboral, después de que hace un par de semanas tuvieron una reunión con dirigentes del nivel rector, los que plantearon sin más, que a partir del año próximo esa empresa sería fusionada con otra del mismo ministerio. No se dieron otras explicaciones con respecto a las plazas y a quien dejarían sin empleo, por lo que todos los presentes se sintieron desesperanzados.

Yaíma no es la única en esa situación. Hasta los que laboran en centros donde no se hará ninguna reubicación en el futuro cercano, temen cualquier cambio que los ponga a disposición de las bolsas empleadoras, insuficientes para solucionar las reubicaciones de tantos trabajadores.

No queda más que resumir y reconocer que la situación laboral de la Cuba actual se tambalea como el resto de los factores que condicionan la superestructura de la nación. Los funcionarios estatales y dirigentes gubernamentales parecen estar de acuerdo en sugerir más exigencia al pueblo, proporcionándoles cada vez menos bienestar.

Casi todos los habitantes de la Isla están cansados de escuchar frases y palabras manidas referentes al bloqueo económico y las trabas que su imposición acarrea al desarrollo. Cualquier forma para mejorar el nivel de vida sufre, si no al principio, al final, las trabas del centralismo enemigo de la prosperidad.

La masa trabajadora y la población pensionada o jubilada se sienten inconforme con todo lo estipulado. Las opiniones se emiten en círculos familiares o de amistades muy estrechos por el temor a las represalias, y la mayor parte de los comentarios enfilan hacia la no valoración del Estado hacia el real esfuerzo de quienes laboran con disciplina y profesionalidad, o lo hicieron por décadas.

Un reciente Encuentro Sindical celebrado en una nación latinoamericana reclamó entre otros puntos, la defensa de los derechos laborales, pero en la práctica y en Cuba, estos no son cumplidos.

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