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jueves, 21 de octubre de 2010

Crónica de un arresto “revolucionario”


Juan del Pilar Goberna Hernández. Foto: Roberto Guerra.

Ante una noticia algo hiperbolizada acerca de una supuesta explosión ocurrida en una de las calderas del Hospital Hermanos Almeijeiras el día 12 de octubre, me dirigí a ese lugar para comprobar la veracidad de la información.

Llegué alrededor 2 horas después de haber ocurrido el incidente en el transformador situado en la sala de máquinas y calderas, realmente la información había resultado una exageración que motivó cundir el pánico entre los pacientes, personal médico y otros.

En dicho lugar me encontré con el periodista independiente Julio Cedeño Negrín, que como yo, observaba el panorama y en mi presencia tiró una foto, nada reveladora, a la fachada donde había ocurrido el incidente, siendo el espacio que le pertenecía al Convento de la Iglesia La Inmaculada.

Dicha foto motivó que algún o algunos informantes de la policía secreta ordenaran a los agentes de la PNR a que nos detuvieran, por lo que minutos después fui interceptado fuera del área del hospital y conducido al carro patrullero № 544, situado en la calle Marquéz González y San Lázaro, donde se encontraba una docena de policías y el periodista independiente esposado reclamando su derecho y la no pérdida de la cámara fotográfica y el celular.

Una vez ambos esposados, se acrecienta la carencia de profesionalidad de los esbirros de la PNR ―sin cuestionar el origen geográfico―, uno de ellos que con anterioridad me vio anotar la chapa del policía que me condujo, vociferó: “¡yo soy jefe, no tenemos miedo porque somos revolucionarios, somos revolucionarios!”…; éste mismo esbirro enaltecido con la agenda de notas en la mano y guapería de barrio, hace el alarde de mostrarme el número de su chapa, invitándome a que lo copiara, estando esposado y él moviéndose con rapidez, por lo que me fue imposible visualizarlo.

A pesar de estar reducidos y por encontrarnos desprotegidos en un automóvil cerrado con poca ventilación y temperatura elevada, no se encontraba saciada la vileza del “jefe”, que creyendo vejarme, lanzó dos escupitajos mirándome a la cara en tono de desprecio a mi persona, odio ―propio de rameras o vulgar y barato presidiario― y la falsa arrogancia de ser “revolucionario” ante su víctima, además, como muestra de su irrespetuosidad e impunidad revolucionaria, se posicionó frente a mi compañero amasándose los órganos genitales, por lo que Cedeño Negrín critica la falta del gendarme y al escucharlo el agente 45122 de la PNR, lo amenazó con echarle gas pimienta en los ojos para que se callara.

Después de haber permanecido unos 50 minutos esposados dentro del carro, somos conducidos a la Unidad Policial de Dragones y Lealtad, donde continuamos esposados en el patio de la unidad alrededor de 30 minutos, pues Cedeño Negrín reclamaba quién poseía la cámara y el celular, manifestando el agente 45122 que estaba en manos de la contrainteligencia.

Aclarada esta situación tuvimos acceso a la instalación sin ser registrados en el libro de entrada. Dentro de la Unidad nos esperaba un oficial de la Sección 21, nombrado “Arquímedes”, el interrogatorio fue individual y el tiempo no excedió de 15 minutos, pues consideró que no había motivo para más, es decir, no hubo contratiempos; a excepción de un policía para congraciarse delante de Arquímedes, que me arrebató de las manos un pequeño papel que contenía el número de chapa de la dotación, alegando el esbirro que no podía tener esas anotaciones, a pesar de indicarle Arquímedes que me devolviera lo arrebatado. Se me entregó el celular, pero con la incógnita de quién envió el mensaje.

Lo anteriormente narrado es común en Cuba Socialista, Cuba Revolucionaria, Cuba de Fidel; cualquier ciudadano cubano está expuesto a sufrir arbitrariedades de alto costo, por lo que en mi percepción y sin temor a equivocarme, considero que las prácticas sistemáticas y cotidianas de la Policía Nacional Revolucionaria, que impide ejercer el derecho ciudadano, causarle sufrimiento innecesario a los detenidos, golpear, abusar y torturar a sus adversarios políticos; es el reflejo y resultado de la orientación y dirección del gobierno totalitario, que instruye y educa al individuo a odiar y descalificar al contestatario pacífico en nombre del “ pueblo trabajador”, ésta es la razón para que mi compañero y yo fuéramos víctimas de un abuso de derecho civil, en cuanto a la integridad física y moral.

Así lo deja escrito, JUAN DEL PILAR GOBERNA HERNANDEZ, ciudadano cubano, convencido de la necesaria transformación radical en lo económico, político y social para un Nuevo País.

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