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jueves, 17 de febrero de 2011

Profesionales sin empleo

Por Aimée Cabrera.
El psicólogo y conductor de un programa de la televisión cubana leyó un fragmento de una carta que le enviaba la esposa de un hombre que había sido despedido de su centro de trabajo sin más razón; ella buscaba una orientación para poder sobrellevar tan dura prueba.
El especialista fue osado en presentar un caso de los más afectados por este movimiento que más que reubicar deja en la calle a cientos de miles de trabajadores a diario; ofreciéndoles trabajos que nada tienen que ver con su perfil, o sugiriéndoles diversas tareas que pueden realizar como cuentapropistas.
En este momento la reducción de puestos laborales se ha convertido en un arma de doble filo; ya que de nada vale poseer un currículum justificado por una hoja de servicios inmejorable, ya que los que llevan muchos años de trabajo corren el riesgo de ser obligados a retirarse, o a ocupar un puesto inferior.
Esa es una verdadera tragedia para estos trabajadores que contra viento y marea se esforzaron para dar lo mejor de sí en sus centros laborales. Los que a su vez constituían la mayor entrada económica para sus hogares, esos que han quedado marginados por el sistema que han defendido y que ahora los devora.
Las edades que fluctúan entre los 50 y los 60 años se convierten en atenuantes contra el derecho de cada ciudadano en edad laboral a ejercer un puesto de trabajo y recibir un salario acorde.
Bertha es profesora de nivel universitario y Lourdes es secretaria de un jefe empresarial. Ambas tienen experiencia avalada por una treintena de años, pero comentan la incertidumbre de levantarse cada día, vestirse y partir para el trabajo, sin saber si es la última jornada.
No todas las profesiones pueden refugiarse en un trabajo por cuenta propia, llegado el momento del despido. Ejemplo de ello son los graduados de derecho, contabilidad y economía.
Otros que solo se graduaron de los estudios medios y alcanzaron el noveno grado y que se desempeñaban en diversos oficios son también despedidos pero con menos suerte, solo pueden optar por trabajos en la agricultura o la construcción.
Los consejos del psicólogo dejan de ser útiles entonces. La prontitud con que el Estado ha actuado con respecto a los puestos laborales deja desamparados a miles de trabajadores que poco pueden hacer por su futuro y el de sus familiares.

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