lunes, 17 de octubre de 2011

Los pedigüeños


Por Aimée Cabrera.
La nueva modalidad laboral en Cuba se conoce como trabajo por cuenta propia, mas estos trabajadores particulares tienen que trabajar la mayor parte del tiempo bajo una tensión sofocante acrecentada por policías e inspectores de la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT); por eso hay quienes se han decidido por ser luchadores por cuenta propia, son los también conocidos como “pedigüeños”.
Hay una visible tendencia de los habitantes de la parte histórica remozada en el municipio capitalino de Habana Vieja o en áreas circundantes, a aproximarse a los turistas extranjeros, o a quienes ellos piensen que lo son, pidiendo dinero, sugiriendo artículos de dudosa procedencia o exigiendo dinero, en caso de ser captados por el lente de las miles de cámaras que flashean sin cesar.
Esta población flotante conocida como “los pedigüeños” pudiera capacitarse y así explicar, con frases sencillas, tanto en español como en diferentes idiomas, tantas exhibiciones y otras atracciones que pudieran auxiliar a los que desandan calles, plazas e instituciones sin la compañía de los tradicionales guías.
El panorama, por tanto, tiende a ser deprimente. Es asombroso ver a tantas personas en una misma zona que no pasean ni andan de compras. Ellos están a la caza de una limosna, y de insertarse en los grupos de turistas.
Por cansancio, una turista le da a una pedigüeña una pieza de ropa que lleva al hombro; más adelante y en breves minutos, la mujer proponía el artículo regalado “imagínese tengo que darle de comer”, aseveró a una señora que la cuestionaba, al tiempo que estrechaba en sus brazos a un bebé mal vestido que lloraba sin cesar.
“Qué pena, esos pedigüeños dan una imagen errónea del resto de los que trabajábamos o vivimos en esta zona. Yo los pusiera a trabajar a todos, pero a doblar el lomo de verdad”, comenta un trabajador que espera uno de los ómnibus urbanos que paran en la Avenida del Puerto, junto a otras personas que asienten, ante el asedio de un chico a una turista, y la negativa de ésta a semejante compañía.
La Oficina del Historiador ha propuesto e impartido diversos cursos y ha dado la posibilidad de ofertar ciertos empleos a ciudadanos que casi siempre residen en este municipio, “pero la vida está muy cara, y hay que “luchar”, el dinero, una ropa, unas gafas, lo que aparezca”, expresa una joven vestida a la usanza de las mulatas de rumba del Siglo XIX; ella se queja por no haber sido retratada, acción por la cual pide 1 CUC al turista que la fotografíe.

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