sábado, 11 de abril de 2009

Crimen sin Castigo


Vigilia realizada por opositores en La Habana, en homenaje a los mártires de la Brigada 2506

La Habana, 9 de abril.- La rastra de aluminio, con una temperatura promedio de 80 grados Fahrenheit, partió desde el teatro de operaciones en Bahía de Cochinos, en la costa sur de la provincia cubana de Matanzas, el 22 de abril de 1961. En su interior viajaban encerrados más de cien cubanos exiliados, algunos heridos, miembros de la Brigada 2506, capturados por milicianos y soldados rebeldes. Habían desembarcado en la madrugada del 17 de abril, formando parte de una fuerza de unos mil doscientos brigadistas, con el propósito de establecer una cabeza de playa, y de acuerdo a los planes constituir un gobierno provisional que solicitaría el apoyo de los Estados Unidos.

Los prisioneros de guerra protestaron al cerrarse la puerta, no tendrían ninguna ventilación, a lo que el comandante del Ejército Rebelde, Osmany Cienfuegos Gorriarán, manifestó: _“Si se mueren, mejor así, pues no tendremos que fusilarlos.”

Faltó el aire, el calor enrareció las mentes de los cautivos, los cuales con las hebillas de los cintos y las uñas, arañaban el piso y las paredes. A la altura de la ciudad de Colon, el ambiente ya era aterrador. _“Traerlo aquí, que hay una pequeña rendija para que respire”, le decían a un compañero que se encontraba cerca de uno de los heridos moribundos.

La Convención de Ginebra era impunemente violada, por el régimen comunista cubano. Se escucharon disparos que impactaron al vehículo en su exterior, _“todos al suelo, que nos están tirando_”, dijo uno de los encerrados, _ “aquí en Matanzas los vamos a matar, antes de que lleguen a La Habana_”, aseguró afuera una voz.

Cuentan, que los agujeros provocados por los impactos de bala dirigidos contra la rastra, posibilitaron que los presos pudieran respirar algo de aire. El recorrido culminó en el Palacio de los Deportes, en La Habana. De la rastra fueron sacados los cadáveres de Alfredo José Cervantes Lago, José Daniel Vilarello Tabares, José Santos Millán Velazco, Herminio Benjamín Quintana Pareda, José Ignacio Macia del Monte, Santo Ramos Álvarez, Pedro Rojas Mir, René Silva Soublete, y Moisés Santana González. Nueve horas duró el martirio donde fueron asesinados estos luchadores por la libertad de Cuba.

“No se dio un solo caso de un prisionero asesinado. Hubo un accidente con un pequeño grupo, cuando eran trasladados hacia la capital porque vinieron en vehículos cerrados, lamentablemente para todos…”, dijo Fidel Castro en 1987, durante una entrevista concedida en La Habana, al periodista italiano Gianni Mina.

La Historia de la lucha contra el Totalitarismo en Cuba, ha recogido este vil asesinato en sus páginas. Formando parte del extenso capítulo de las violaciones al derecho a la vida, que ha incurrido el régimen castrista en 50 años de opresión.

Reportó desde La Habana, el periodista Carlos Serpa Maceira

viernes, 10 de abril de 2009

Asesinato Cruel y Alevoso


Fotografía tomada por el periodista Carlos Serpa Maceira, que muestra el otrora Reclusorio Nacional para Hombres Presidio Modelo, en la conocida antiguamente por Isla de Pinos, al suroeste de la Habana, en cuyo lugar el régimen comunista de Cuba asesinó vilmente a presos políticos, además de atropellos y graves violaciones a los derechos humanos.

La Habana 9 de abril. “Tira la guataca con más fuerza”, le gritó en voz alta el militar conocido por la Pinta, al preso político cubano Julio Tang Texier, quien en compañía de otros reos, laboraba en un inhumano Plan de Trabajo Forzado aplicado por Fidel Castro, conocido por “Plan Especial Camilo Cienfuegos “, desarrollado en la conocida antiguamente por Isla de Pinos, al suroeste de la Habana entre los años 1964-1967. Cuentan que el “Chino”, como se le conocía a Tang Texier, con firmeza miró a la Pinta, y le contestó que no lo haría. Inmediatamente, el militar Licho Arcia Rojas, que se encontraba en la escena, la emprendió a bayonetazos contra Julio Tang Texier, quien hizo un gran esfuerzo para esquivar con ambos brazos la agresión.

Otro militar intervino y golpeó al reo, con un azadón en la región sacro-lumbar. Tang cayó al suelo, y Licho Arcia Roja le aplicó una llave de estrangulación en el cuello. Seguidamente le clavó la bayoneta en uno de los muslos, haciendo girar repetidamente la hoja. Cuando la extrajo, el “Chino” emitió un gemido y salió por la herida un chorro de sangre. Tang fue cargado por sus compañeros, quienes lo colocaron en una cama de un transporte militar. Llegó muerto al dispensario del Reclusorio Nacional para Hombres Presidio Modelo, situado a 3 km de distancia de donde fue asesinado, el 3 de septiembre de 1966.

Julio Tang Texier, tenía 29 años, y era un mestizo de chino y mulata, de eterna sonrisa, sencillo y amable. Era vecino del barrio habanero de Luyanó, había militado en el Movimiento 26 de Julio, y posteriormente en el Ejército Rebelde, donde alcanzó el grado de Teniente. El Chino se convenció de que los ideales por los que había luchado tomaban un rumbo totalitario comunista, y se unió nuevamente a un grupo de ex compañeros descontentos, y fundaron el Movimiento Demócrata Martiano, además de ser militante de la Juventud Obrera Católica (JOC).

El 15 de septiembre de 1981, durante la inauguración de la 68 Conferencia Interparlamentaria que sesionó en el Palacio de las Convenciones de la capital cubana, Fidel Castro manifestó su solidaridad con un grupo de presos políticos que en Irlanda del Norte, habían protagonizado una huelga de hambre en rebeldía contra el gobierno británico, presidido por la entonces Primera Ministra Margaret Thacher.

En esa oportunidad Castro dijo: …”No podemos acostumbrarnos al crimen, ni en Irlanda, ni en el Salvador, ni en Angola, ni en Namibia, ni en Sudáfrica, ni en el Líbano, ni en ninguna parte…” Desde mi óptica, ni en Cuba tampoco podemos acostumbrarnos al crimen.

Aquí también las huelgas de hambre realizadas por presos políticos y de conciencia, han sido una tribuna de denuncia para llamar la atención de la comunidad internacional, de que las cárceles cubanas son cementerios de hombres vivos.

Los gobiernos totalitarios, temblarán ante hombres de la extirpe de Julio Tang Texier, que entregaron su vida en pro de la libertad. Su figura y legado resurgen cada día, indicando el camino de la redención.

Reportó desde la Habana el periodista Carlos Serpa Maceira.

lunes, 16 de marzo de 2009

Hoy quiero decirte que...


Desde acá, desde esta vieja ciudad donde vivo exiliada desde años puedo ver los barcos que se alejan en alta mar o los que llegan cargados de esperanzas a los puertos de los pueblos de mi tierra. Pueblos en los que la gente vive indeferente esperando lo que no acaba de llegar y que algunos, ya cansados, creen que morirán sin verlo.
Desde acá puedo mirar los ojitos tristes del niño parado detrás de una vidriera contemplando el juguete que desea y que sus padres no pueden comprale porque cuesta más que todo el salario en pesos cubanos devengado por ellos durante un mes de arduo trabajo en una fábrica de tabacos, o quien sabe si hasta en un aula...
Qué más da cual sea el trabajo realizado si de todas formas el salario medio no alcanza para comprar un simple juguete a un niño que sueña con abrazar una pelota de verdad; una de esas pelotas grandes, redondotas, llenas de franjas de colores, de esas que se ven tan bonitas reposando a los pies o en las manos de los turistas sin rostro definido...Turistas que se ven en cualquier portada de revista o en cualquier folleto, donde se anuncian y hasta se venden los paquetes de turismo a las hermosas playas cubanas, a sus elegantes hoteles con sus lujosas piscinas construidas con todo el glamour de la modernidad sofisticada, rendidora del culto a la buena vida y a la magia de los sueños imposibles de alcanzar para la gran mayoría, los que se conocen como “cubanos de a pie”.
Desde acá se puede ver la cara con la expresion marcada por la frustración del maestro que se esforzó inutilmente durante años creyendo que cumplía una misión sagrada, al querer educar al hombre nuevo, al "ser perfecto" para una sociedad perfecta, distinta a todas, incluyendo las anteriores y las actuales foráneas.
El hombre nuevo, idealizado en su concepción teorica como ser superior... Hombre nuevo carente de valores humanos, ciego defensor de una ideología que propicia el culto desmedido a la personalidad del líder. Ideología que sólo ha servido para esclavizar a pueblos y a sociedades enteras, y que hoy parece que muchos pueblos de América Latina se empeñan en abrazar y hasta se ufanan de copiar los moldes fidelistas impuestos en Cuba por más de cincuenta años. Ideología que ha creado un hombre nuevo hecho de arcilla, de la arcilla con la que se funden los mediocres los pusilánimes, los inactivos carentes de opiniones y de acciones popias, seguidores de consignas, los muertos en vida, buenos para nada,
En Cuba el tal experimento del hombre nuevo del siglo XXI ha dado frutos negativos aunque por suerte para la humanidad, muchos se les escaparon de las manos a sus supuestos formadores o educadores. Los escapados son los que hoy forman las nuevas generaciones de cubanos dignos y los vemos por doquier, afanados, luchando por romper las cadenas con las que quisieron atarlos para privarlos de un mejor destino.
Desde acá puedo ver esos rostros sin caretas enfrentandos con dignidad a la realidad de la búsqueda del pan de cada día de una manera honrada y decorosa, sin doblegar la frente, sin complicidad ni miedos aunque actuen cautelosos para burlar las leyes absurdas impuestas por los amos entronizados en el poder por la fuerza desde hace medio siglo. Desde acá también observo que en ellos se vislumbra el amanecer de un nuevo día.
Observo el panorama con sana envidia y con recogijo aplaudo sus pasos disfrutando a plenitud sus canciones atrevidas, sus cuadros, sus poemas, sus obras de teatro, sus retos cuestionando la vida cotidiana, algunos ya aprendieron a escribir sin miedos sobre el diario vivir de los cubanos publicando blogs que burlan la censura , hay cientos de presos en las ergástulas castristas que no se rinden y prefieren morir para que se respeten los derechos humanos en Cuba antes que mendingarle un perdón o hacer una “mea culpa” para que los liberen de sus condenas.
Desde aca puedo escuchar el silencio de las Damas de Blanco desfilando por las calles de La Habana o sus voces reclamando justicia frente al mundo. Siento un profundo respeto por ellas y desde aca, siento la urgencia de unir mi voz a sus reclamos, aunque no sepa como hacerlo, el caso es, por lo menos intentralo.
Tambien puedo ver cómo han pasado los años y muchos ancianos hoy se arrepienten de su ceguera mientras se mecen al compás de la sordina de las tardes mustias sentados inermes en un viejo balcón o detrás de una ventana, mientras su mentes vagan recorriendo los caminos transitados... Caminos que desde el comienzo han estado lleno de tropezones y de sufrimientos en los que se incluyen la separación de las famila, la muerte de los hijos, hermanos y sobrinos, en campos de batallas en países lejanos; el hambre y las carencias de las cosas más elementales... Caminos donde la falta de libertades civiles, las violaciónes constantes de los sagrados derechos de cualquier ser humano, el odio, la envidia, los resentimientos, las frustraciones, la doble moral, la corrupción politica y la represión, han ganado terreno a un nivel tan alto, que estoy segura que ni el más experto de los especialistas en estudios sociales, pudo imaginar alguna vez que se podría llegar a ese estado tan deplorable de miseria economica y humana, en un país que otrora fuera tan distinto, tan próspero y tan alegre.
Hoy amanecí pensando en ti, amor mío. Me siento triste, aunque al fin he comprendido lo distinto que sería hoy nuestro destino, si me hubiera quedado a tu lado, luchando contigo y con los otros.
Han pasado muchos años y aun recuerdo tu firme desición cuando me dijiste: “Yo no te acompaño, yo me quedo. Ellos son los que sobran, ellos son los que tienen que irse”. Fui tonta al no entender aquel mensaje. Como muchos, hice lo mas fácil y renuncié a ti, mi gran amor, por egoísmo, por cobardía, por inmadurez, o por estupidez, sin saber que tambien al hacerlo, perdía mis derechos mas elementales como ciudadana cubana. Les di el gusto de irme y dejarles a su disposición lo que por ley también me pertenece.
Han pasado los años y todo ha empeorado. Desde acá puedo decirte que me siento mutilada. Que me duele ver como andan las cosas por allá y cómo desde aquí casi no puedo hacer nada.
Allá cada día la bestia es más salvaje castigando en las cárceles a los mas valientes, los que se arriesgan a gritar a los cuatro vientos: “Queremos libertad, queremos que se respeten nuestros derechos humanos, queremos elecciones libres, no queremos más autoritarismo, no queremos mas fidelismo ni socialismo, no queremos más dictaduras, queremos justicia paz y libertad en una Cuba con todos, por todos, y para todos los cubanos.”.
No te miento, si te digo que pensando en ti, desde acá siento la carga de mi culpa y la de otros como yo. De nada vale lamentarse pero es de humanos hacer un recuento y pensar en lo vivido, comparar y dudar y hasta tener el valor de reconocer nuestros errores, aunque sea un poco tarde para empezar de nuevo.
He llegado a la conclusión de que Ellos, los presos políticos, los dignos hijos de Cuba, están allí por nosotros, por que les fallamos, porque no estuvimos a su lado cuando más nos necesitaron, porque dejamos que fueran solos a cumplir sus injustas condenas. Hicimos lo que hacen otros millones que se tapan los ojos y los oídos para no ver lo que pasa. Somos culpables por nuestra indiferencia, por nuestra apatía y por el conformismo cobarde que nos ata y nos vuelve incapaces, y nos convierte en cómplices de quienes ostentan por la fuerza el poder.
Pienso que somos victimas del miedo a inmolarnos, somos el resultado humano de quienes han vivido en la zozobra de no saber qué hacer o decir por temor al vecino o el familiar cercano que puede ser un informante delator. El temor impuesto por las represalias oscilantes entre el perder el empleo, y no tener donde ganarse los cuatro quilos prietos para comprar el mendrugo de pan que venden por la libreta de racionamiento, hasta ir preso, o ser fusilado si te juzgan como un enemigo o un traidor de tu pueblo por el solo hecho de robarte una embarcación para huir a otras playas en busca de libertad.
A veces me desesperan los días como hoy, cuando sintonizo la radio o la TV y escucho las noticias que hablan de estas verdades que llevo clavadas en el alma. Aunque quiera huir de mí misma y me empecine en creer que otros son los culpables, de mis y de nuestras desgracias, bien sé que nos moriremos de penas sin ver los ansiados cambios si todos seguimos atados a nuestras debilidades, a nuestros miedos, a nuestras frustraciones...
Todo esto, amor mío, he querido decirte desde hace mucho tiempo, pero mis manos y mi voz se apretaban en mi pecho y mis neuronas no daban el salto necesario para romper las barreras del silencio.
Creo que por hoy te he dicho suficiente.. Ojala puedas entender que a pesar de los años y de las miles de cosas que hoy me separan de ti, aun te recuerdo como lo mas preciado de mi vida, como lo que siempre has sido: Mi primer amor, al que sueño volver algún día antes de cerrar mis ojos por última vez.
Esperanza E. Serrano
Fort Myers, Fl, USA
Marzo 15 del 2009

domingo, 15 de marzo de 2009

Separación


Han jugado con tu vida y con tus nervios
llevándote a tomar el camino del destierro
Aunque quiero no puedo acompañarte.
Otras fuertes razones me retienen.
Soy un temblor, un miedo
indescifrable clavado en mis huesos...
La noche cae sobre mi rostro
anunciando un siglo de distancias,
de tempestades y de abismos...

Siento cómo la sinfonía
que hasta ayer nos arrullaba,
se pierde en las pupilas de la nada
mientras la brisa del invierno
se aloja en mis entrañas...

Cómo decirte que este miedo
se queda conmigo anunciando
una lluvia eterna de imposibles...
Una tierna manito se alzará en el espacio
y no podrá tocarte ni sentirte cerca,
no podrá decirte: " papá, ven a jugar conmigo"
Crecerá con la angustia de tu ausencia
y preguntará por ti y no sabré qué decirle.

Ay, amor, aunque me lleguen fotos;
¡¿Cómo acostumbrarme a vivir sin ti?!
¿Quién podrá llenar este vacío que me dejas?
¿Quién en mis mañanas
me despertará con una sonrisa
y una taza de café entre las manos?
¿Qué hacer cuando llegue cansada
y me falte tu hombro para renovarme?

Amor, te vas, aunque te quedas aquí.
la vida persistirá en separarnos,
sé que ya nada será igual,
quizás nos perderemos,
y nuestra historia quedará inconclusa,
y unos ojitos inocentes
exigirán que le explique la tristeza
de este nudo sembrado en mi garganta.

Aunque me mandes tu barco cargado de tesoros,
aunque me escribas y me llames a diario
nadá podrá evitar el silencio que habitará
en estas paredes que a partir de hoy
estarán huérfanas de ti y de mí misma.

Dime, amor, ¿cómo le hago...
cómo le hacemos
para vivir tan separados?

Esperanza E. Serrano.
Isla de la Juventud
Cuba, abril 1988

Por tí


Acá, en esta orilla, frente al mar,
Tristemente recuerdo la suave brisa,
el olor de tus playas, el aroma de tus flores,
y el néctar de tus frutos tropicales...

Cada mañana aquí me llega
el ruido estremecedor de tus calles,
las tonadas dolorosas de las sierras,
mezcladas con el susurro de tus palmas.

Acá escucho el canto del sinsonte
enredado en las copas de los árboles,
recorriendo las llanuras libremente
en el arco iris de tus ríos y montañas.

Acá, en esta orilla del mar,
estoy esperando el momento
preciso, para vestirme de prisa
con el viento, el tiempo y el espacio.

Siento cómo me acarician las olas
de este mar cargado de sueños
de nostalgias y de esperanzas mientras
ando en busca de ti...¡ Tan cerca y tan lejana.!

Voy hacia ti, porque sin que tú lo quieras,
sentada aquí, a la orilla del mar,
siempre llegá hasta mi el grito interminable
de aquellos, que estando allá, claman por todos:
CAMBIOS, PAZ, JUSTICIA Y LIBERTAD.

Esperanza E. Serrano

martes, 17 de febrero de 2009

Desde acá, del otro lado del mar


Hace unos días mi hija Julia regresó de Cuba. Tal como habíamos quedado, la fui a recoger al aeropuerto de Miami. La noté muy cansada y extremadamente triste. Sus ojos habían perdido el brillo que los caracterizaba antes de su partida. No quise ser indiscreta, por lo que no le hice preguntas. La conozco muy bien. Por su mirada triste y perdida sabía que otra vez había caído en un estado depresivo.
Le mostré mi alegría de tenerla de regreso. La mime como hacemos las madres cuando vemos a nuestros pequeños pasando un mal rato. La llevé a almorzar a un restaurante de comidas cubanas. A pesar de que la comida estaba deliciosa, Julita a penas probó los frijoles negros, el arroz y el bistec de palomilla que había pedido. Tampoco se comió el flan de leche, su dulce preferido. Todo esto, unido a su mirada triste y su silencio prolongado, me tenían muy alarmada. Traté de animarla un poco hablándole de cosas comunes que nos atañen a las dos; le conté de lo mucho que la extrañé en esos quince días que estuvo por allá. Al ver que no me prestaba mucha atención, guardé silencio, esperando por ella. Sabía que en cualquier momento me contaría los detalles de su visita a Cuba.
Hicimos el viaje de regreso a casa sin intercambiar palabras. Coloqué en el CD Player del carro, el último CD de Billy Joe que ella me regaló por Christmas. Mientras conducía, tarareaba las melodías y las letras un poco a mi manera y lo suficientemente bajo para no molestarla. Ella mantenía su cabeza ladeada, aparentemente miraba el paisaje que bordea la ruta 41 a ambos lados del camino que atraviesa los Everglades. Sabía que su mirada estaba ausente, porque su pensamiento estaba más allá de la Florida...
Hace ocho años que salimos de Cuba. Allá quedaron mis suegros, sus abuelos paternos a los que ella siempre ha querido mucho. Ellos la cuidaban cuando era pequeña, mientras su padre y yo trabajábamos largas jornadas en una escuela en el campo. Fueron ellos también los que la cuidaron cuando era una adolescente y nosotros seguíamos ocupados en buscar el sustento para toda la familia.
Era muy joven cuando salimos de Cuba, apenas había cumplido los dieciocho años. Ella no sabía nada de nuestros planes. Por precaución y para no preocuparla no le contamos nada hasta el último momento. La sorprendimos la noche que nos escapamos en el barco pesquero que capitaneaba mi primo Alberto. Eran las tres de la madrugada cuando nos montamos en el jeep que nos llevó al puerto donde estaba anclado el barco. Ella estaba semi dormida, creía que salíamos de pesca clandestinamente. Protestaba molesta porque quería dormir. Solo cuando estuvimos seguros en altamar nos sentamos a conversar con ella. Al principio no lo creía, pataleo y lloró queriéndose lanzar al mar. Lloraba por sus abuelos, por su novio, por sus primos, sus tíos sus amistades, lloraba por todo lo que se quedaba atrás. Fue dura la partida y más dura aun para ella que no entendía nada sobre el por qué nos fugábamos de nuestra patria.
Los primeros años aquí fueron muy duros para todos, sobre todo para ella que no dejaba de pensar en sus abuelos y en sus primos cada vez que comíamos algo que a ellos les gusta, como las golosinas, la leche, los chocolates, las carnes, las ensaladas...
Romper la barrera del idioma tampoco fue fácil para ninguno de nosotros, pero lo logramos con dedicación, sacrificios y mucha tenacidad. Gracias al esfuerzo de esos primeros años, hemos podido avanzar económicamente.
Tan pronto tuvimos un dinero disponible invitamos a los abuelos para que vinieran para acá. La invitación se la pasamos con la idea de que se quedaran definitivamente. Al cabo de once meses ellos decidieron regresar. Ambos son personas mayores que han vivido toda su vida en su casita colonial en el municipio Playa, en Matanzas, cerca de las Cuevas de Bella Mar. Nos costó trabajo entenderlos, pero tuvimos que aceptar y respetar sus decisiones. Julita quedó muy deprimida con la separación de sus abuelos. Le prometimos que haríamos todo lo posible para que ella pudiera visitarlos todos los años, aun cuando tuviera que hacerlo violando las restricciones impuestas por el gobierno norteamericano.
Su primer viaje a Cuba lo estuvimos preparando por casi un año para reunir el dinero suficiente para que pudiera llevarle al menos un presente de valor a cada uno de nuestros seres queridos que viven allá, incluyendo sus amistades de la infancia y de la adolescencia, y muchas de nuestras amistades también. Ella partió con mucha alegría, muchos sueños y muchos gastos adicionales por el exceso de libras permitidas, más los pagos de impuestos de aduana de aquí y de allá.
La alegría de Julita por su viaje a Cuba, compensaba todo el sacrificio que hacíamos para reunir el dinero de los gastos para que ella pudiera compartir ampliamente todo lo que quisiera con la familia y con las amistades.
La tristeza reflejada en su rostro a su regreso, para mí, que nunca he visitado a mi tierra desde que salí de allá, era una gran incógnita. La ansiedad me devoraba mientras ella seguía impasible sin siquiera deshacer su pequeño equipaje…
Al cabo de tres largos días, mi hija rompió su silencio. Pausada, con una voz cargada de emociones encontradas, comenzó a hablar:
_ “Mami, si tú ves cómo está Cuba, te mueres. Matanzas está destruida. La gente vive en unas condiciones infrahumanas increíbles. No vas a creer nada de lo que te diga hasta que no veas las fotos y los videos. Te vas a sorprender cuando veas a mis abuelos, a mis primos, a mi amiga Susana y sus dos niños; a Cuca, la abuela de Eduardo, y al mismo Eduardo, tan lindo que era y ahora está que parece que me lleva un montón de años. Se ha vuelto un alcohólico. Se ha divorciado dos veces y hasta le faltan los dientes. No sabes cuánto me impresionó verlo así. Yo que tanto lloré cuando llegué aquí por lo mucho que lo extrañaba, yo, que todos estos años he vivido con la ilusión de un reencuentro con él, siento que algo muy lindo se ha roto dentro de mí.
“.. Cuando lo vi así, tan destruido, tan equivocado de la vida, tan perdido, reclamándome por haber venido para acá y según él por haber traicionado a la revolución... Si lo hubieras escuchado hablándome en un tono machista, haciéndome sentir mal mientras casi me exigía que le comprara botellas de Habana Club de las más caras que venden en los mercados donde no se paga con dinero cubano. Si hubieras escuchado las cosas que me decía, no sé lo que pensarías... Me reclamaba como si tuviera derechos sobre mí. Como si por el hecho de que fuimos novios por más de tres años cuando vivíamos allá, ahora yo tenga que hacer lo que él diga. Parece que como todos estos años me he mantenido escribiéndole a su abuela y al tanto de todo lo de su vida, él piensa que eso le da derechos sobre mí. Qué trabajo me costó quitármelo de arriba”...
Mientras mi hija hablaba, yo la observaba en silencio, sintiendo como le temblaba la voz y mirando cómo sus manos trémulas nerviosamente abrían y cerraban el pequeño maletín, como si tuviera miedo de mostrarme las fotos, o entregarme las cartas o tal vez inconscientemente no quería hacerme partícipe de su dolor y por eso quizás demoraba tanto en mostrar las imágenes fotográficas que había traído de Cuba.
Guardó silencio por unos minutos que para mi representaron casi un siglo, ya yo estaba a punto de lanzarme a abrir el maletín para sacar las cosas. A duras penas me contuve... Al fin ella prosiguió...
_”En los quince días que estuve allá, apenas pude compartir con mis abuelos, mis tíos y mis primos. El día entero y casi toda la noche la casa permanecía llena de gente. A veces había más de treinta personas sentadas haciendo cuentos de doble sentido, riéndose a carcajadas con un lenguaje callejero que yo ni entendía. Con todos los que estaban allí a la hora de la comida compartíamos lo que mi tía Aida preparara. Muchas veces me quedé sin comer porque por mucho que ella cocinara, no alcanzaba para todos los que iban llegando sin anunciarse. Mis tías no paraban atendiendo a todo el mundo. El fogón no se apagaba y el refrigerador a penas enfriaba de las tantas veces que se abría la puerta para sacar agua, refresco o cualquier cosa. Terminé comprándoles una nevera a mis abuelos para que por lo menos hubiera hielo.”
”Gente que yo ni conozco, otras que ni me acordaba de ellos, pero que dicen ser amigos de ustedes, me besaban en la cara y me daban fuertes abrazos para luego pedirme dinero, o que antes de irme le dejara lo que yo traía puesto en ese momento. ¡Ay, mami! ¡qué dolor me dio ver en la forma en que se vive en Cuba!...
“La gente no trabaja. A cualquier hora del día están los portales y hasta algunas calles, llenas de gente jugando dominó, tomando cerveza o ron casero, haciendo cuentos, escuchando música... Es como ver a un pueblo de gente idiotizada que se ríe burlándose de todo mientras se matan buscando algo que comer o buscando cómo inventar para ganarse unos dólares clandestinos para poder comprar en el mercado lo que no les venden en las bodegas o en las tiendas de productos que se pagan con dinero cubano. Esas tiendas están vacías mientras en los mercados o shopping hay de todo como en cualquier tienda de aquí, solo que hay que pagar con CU y los precios son altísimos. Mi primita Rachel se antojó de un relojito pulsera chino, de esos que abundan en los Dollars Store de aquí, Imagínate que el relojito aquel me costó $30.00. Si llego a saber eso, hubiera comprado unos cuantos aquí por ese mismo dinero y se los hubiera llevado.”
“Lo que de verdad da dolor es ver como se vive allá, sin aspiraciones de nada, detrás de lo que se les puede “pegar” como dicen ellos mismos tan pronto entran en confianza. El día que fuimos a las Cuevas de Bellamar aquello parecía una comitiva, te digo, de gente que yo ni conozco. Ellos se invitaron solos. No me dejaban ni caminar. Todos querían ser mis guías, como si se les hubiera olvidado que crecí correteando por esas cuevas. Al principio yo me sentía molesta extraña, hasta que me di cuenta que ellos lo que querían era almorzar con nosotros en el restaurante. Ese día me gasté en el almuerzo casi $300.00, éramos más de 25, pero no me pesa. Ellos se comieron aquella comida fría con un gusto como si fuera lo mejor del mundo.”
“¡Que hambre hay en Cuba, mami, y como la gente inventa para poder comer, aunque sea una cajita con congrí, yuca y unos trocitos de carne de puerco! Eso es un lujo allí.”
“El día que fuimos a Varadero no pudieron ir todos, porque no cabíamos en los carros...La playa sigue siendo tan linda como siempre, te diría que es lo único realmente bello que queda de los lugares de mi infancia. Ese día la pasé bastante bien, nadando y conversando con un poco de privacidad con mis primas cuando estábamos en el agua. Ese día nos fuimos antes de que llegara Eduardo, creo que por eso la pasamos mejor..."

Cuando llegó a este punto, abrió el maletín, sacó la cámara, la instaló a la PC y luego comenzó a mostrarme las fotos. Me costó trabajo reconocer a mis cuñadas, antes tan bonitas y elegantes y ahora me parecían mayores que yo. Mi suegra parece un cadáver con piel, mi suegro se ve un poco mas llenito que ella pero de cualquier manera se ve destruido...en la medida en que iban desfilando todos mis seres queridos por la pantalla del monitor, un nudo me apretaba la garganta. A todos los veía muy desmejorados. Me cuesta trabajo entender por qué siempre que llamamos allá, me dicen que están bien si yo los veo tan destruidos, a pesar de que siempre los hemos ayudado mandándoles algún dinero, ropas, medicinas y cuanto nos pidan. Si ellos, que tienen nuestra ayuda y la de mi cuñado, si ellos que todos los meses reciben dinero de aquí, están así, ¿cómo estarán los otros, los que no tienen ayuda de nadie? Pensando en los pobres infelices empezaron a desfilar ante mi vista las imágenes del pueblo. Que feo luce el lugar. Todo se ve sucio, gastado, gris. La mayor parte de las casas coloniales están destruidas o han sido sustituidas por otras construidas rústicamente con piezas de hormigón prefabricadas, parecen cajas de cartones descoloridas. Las pocas casas coloniales que quedan están casi en ruinas, algunas están apuntaladas, a punto de derrumbarse. Las aceras y las calles están llenas de baches y de huecos, pero es como dice mi hija, la gente camina de un lado para el otro, como zombis sonriendo ante tanta miseria.
Después de escuchar a Julita pude entender su mirada y sus lágrimas furtivas.
La Matanzas que nosotros conocimos o quizás la que hemos conservado en nuestra memoria, no existe, o tal vez somos nosotros los que hemos cambiado y ya no encajamos en esas imágenes cargadas de desencanto, miseria, y dolor... Dolor que también sentimos, pero desde otro angulo, desde acá, desde el otro lado del mar.

Esperanza E. Serrano

martes, 27 de enero de 2009

Sentada detrás de su ventana...


Sentada en su vieja poltrona, escondida detrás de las coloniales rejas, día a día, Sofía mira pasar los transeúntes.

A veces su mirada se pierde tras las viejas fachadas y ya sus ojos no ven nada de lo que pasa debajo de su ventana.

Se escapa por el largo camino de los recuerdos, de las cosas idas o vividas. A veces se le confunden las fechas, y siente que todo se repite día a día, como si el tiempo le jugara una mala pasada, como si se hubiera detenido en una larga jornada, en este lugar donde todo permanece estático y las gentes actúan como robots movidos por un discurso interminable , monotemático, informático, no cuestionable, aunque nadie lo entienda , porque es el discurso del monarcastro a sus súbditos; siempre ordenando más y más sacrificios y ya no hay formas de apretarse el cinturón sin que se desgarren las costillas.

Cincuenta años han pasado desde que los barbudos entraron a la ciudad prometiendo un cambio, declarando una revolución hecha por lo humildes, para los humildes y con los humildes. Los humildes que no tenían recursos para vivir decorosamente, creyeron que al fin les había llegado su hora, aplaudieron con entusiasmo y se dieron a la tarea de querer construir una sociedad nueva, en la que todos serían iguales con los mismos derechos y deberes ciudadanos, una Cuba sin prostitución, sin abusos de poder, sin discriminación. Pensaron que al fin lograrían ser parte importante en una sociedad cubana nueva, próspera, humana, libre, democrática, pluralista...

Sofía busca y rebusca y no encuentra que fue lo que se trabó en el intento, aunque desfilan día a día en sus recuerdos los primeros juicios, los paredones de fusilamientos, la renuncia del Comandante Hubert Matos, la desaparición de Camilo Cienfuegos, la alfabetización y su estribillo, las llamas que convirtieron la tienda El Encanto en cenizas… Playa Girón y la Crisis de los misiles, los alzados del Escambray y de la Sierra del Rosario y Julián, su hermano mayor, que se fue en un bote pesquero con su mujer y sus dos niñas pequeñas, y ella llorando por temor al mal tiempo, y sus dos pequeñas sobrinas tan contentas porque iban a conocer la nieve y ella se quedó llorando por el hermano, culpado de traidor, de gusano apátrida, el hermano y su familia condenados al destierro… Veinte años después cuando volvieron a encontrase en una visita de apenas unos días, se miraron como dos extraños, habitando mundos diferentes.

Los remotos primeros veinte años marcados por las tantas guerras en países en los que Cuba, a penas un punto en la geografía, era considerada como un faro y guía de América Latina, Asia y África por su cacareada “Gran derrota del Imperialismo Yanqui en América”. Uno de los países que se coló en la boca de todos los cubanos, fue Angola…

Para Sofía Angola es mucho más que un país de negros africanos. Angola es el recuerdo imborrable de su hijo Adriano…Las lágrimas se escapan involuntariamente. Sus pasos por el tiempo la llevan a la última vez que vio su rostro... Cuando partió con su uniforme verde olivo. Solo tenía diecisiete años y su cabeza llena de sueños. Quería que el servicio pasara rápido. Soñaba con el mar y con los barcos en los puertos. Adriano quería ser marinero mercante y recorrer el mundo para regresar a la isla cargado de regalos para todos. Pero Adriano se fue a la guerra, a cumplir una misión internacionalista y allá quedó su sangre derramada en vano. Al cabo de diez años le entregaron la cajita sellada, les dijeron que en ella venían los restos del muchacho.
Era una cajita pequeña, de madera forrada de negro. Era igual a las diez mil cajitas que llegaron de regreso a casa allá por los años 90, como última remesa de la guerra en Angola. Adriano no fue escogido para representar su ciudad en el cementerio donde descansan los restos de los mártires ilustres. Solo catorce de los diez mil muertos fueron enterrados en el mausoleo de los héroes. El pobre muchacho ni siquiera era militante de la juventud comunista de Cuba cuando perdió la vida en tierra extraña. Era uno más del montón, un joven adolescente muerto cumpliendo con su deber como recluta de siete pesos cubanos, enrolado por su edad, en el servicio militar obligatorio de Cuba. Adriano no era más que un pobre soldado raso de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, que por esa época estaba empeñada en librar guerras de liberación en tierras lejanas para exportar la revolución fidelista_ socialista, a los países de tres continentes: Asia, África y América Latina, unidos por su odio al desarrollo de las potencias capitalistas, y sobre todo, por su odio a Los Estados Unidos de América.

Sofía, como la gran mayoría, nunca ha comprendido que hacía Cuba mandando a sus jóvenes a pelear en tierras extrañas, cuando siempre se han necesitado brazos jóvenes para sacar la patria del estancamiento por los desastres económicos que desde 1959 vienen azotando fuerte…

Como un relámpago pasa ante ella el año del esfuerzo decisivo, seguido por el fracaso de la zafra de los diez millones… Aunque quiera no puede evitar pensar en Chile y en la libra de azúcar que les quitaron de la cuota, ya de por si escasa: seis libras por persona al mes, en un país hecho de azúcar, en solidaridad con el gobierno de Allende y aunque han pasado más de treinta y cinco años de los acontecimientos del Palacio de la Moneda, y hace ya muchos años que el dictador Augusto Pinochet entregó el gobierno de Chile a la democracia, esa libra de azúcar no regresa a la cuota, que se ha quedado ya reducida a cuatro desde el periodo especial de los años 90.

De nada vale que el agua con azúcar, caliente o fría, sea lo máximo para comenzar el día. Ella es ya parte de lo nuevo, se ha impuesto en contra de gustos y costumbres por la falta de pan, galleta mantequilla y una buena taza de café con leche… ¿Ya quién se acuerda que ese era el desayuno predilecto del cubano, si han pasado cincuenta años en lo mismo: en acostarse y levantarse pensando cómo alimentar el cuerpo que pide calorías variadas, nutritivas, y que se ha vuelto torpe por las carencias del cada día?

Tan torpe andan esos cuerpos que caminan como autómatas cargando una jaba plástica donde echan lo que encuentren, así sea en el latón de la basura de los barrios donde viven los que tienen mucho: los que compran en la shopping y no se sientan tras las rejas a ver pasar la muchedumbre deambulando por las calles en busca de comida.

Muchedumbre que no le importa lo que digan los papeles que recogen las absurdas leyes que la privan de los más elementales derechos humanos, leyes que de tan ambiguas y absolutas, declaran ilegales a los nacidos en los campos y ciudades de otras provincias, si se atreven a mudarse para un barrio de ¨”quita y pon”; de esos que abundan en los alrededores de la capital, donde hay niños que no tienen el derecho al litro de leche que le venden en la bodega a los otros, iguales a ellos por ser menores de siete años, que han tenido la suerte de nacer legales en La Habana.

Los ojos de Sofía están marchitos y agotados de ver tanta miseria en la que cinco décadas atrás era una de las zonas más alegre de La Habana: Prado y Neptuno, famosas además por el chachachá de Enrique Jorrín que la Orquesta Aragón inmortalizó con su titulo y estribillo: La engañadora.

Desde su vieja y destartalada ventana, Sofía mira y mira y aunque no encuentre nada nuevo, ella sigue fiel, como un vigía, oteando el horizonte, y aunque nadie entienda que mira una señora de setenta años detrás de su ventana, ella está ahí: firme, esperando para ser de las primeras, en ver lo que ha de llegar algún día, a pesar del discurso y de la monotonía que persiste en enterrarla aunque esté viva.

Esperanza E. Serrano

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