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domingo, 30 de octubre de 2016

Retención de salarios y amenazas de despido a campesinos de Majibacoa #Cuba

Campesinos cortan caña descalzos en Majibacoa #Cuba


miércoles, 22 de junio de 2011

Aumento de la accidentalidad laboral


Foto: Obra en Calle San Lázaro, La Habana, Cuba.
Por Aimée Cabrera.
Los accidentes laborales aún se registran en cifras considerables. Las entidades más representativas son los ministerios de la Agricultura, Azúcar, Construcción e Industria Básica con la mayor cifra de accidentes fatales. El número de fallecidos aumentó a 27, cifra superior a la de similar período del año pasado, motivo por el cual los dirigentes administrativos y sindicales deben estar muy al tanto con vistas a disminuir los mismos.
La provincia con mayor accidentalidad es la capital con 39 accidentes menos que en igual periodo del 2010, pero con un total de 422 lesionados, de ellos 5 fallecidos. Mientras que la de mayor índice de incidencias es la provincia de Las Tunas, con lesiones incapacitantes por cada mil trabajadores expuestos a peligros, así como, el de frecuencia de accidentes por cada millón de horas de exposición a riesgos.
La provincia de Cienfuegos fue la que tuvo un promedio superior de días perdidos debido a los accidentes sufridos por sus obreros. Especialistas de Asuntos Laborales de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) refieren que estos colectivos laborales, de hecho no pueden aspirar a ser destacados, ni sus directivos promovidos.
Consideraron además que dichos accidentes pueden ser evitados si se cumplen con las normativas en cada puesto laboral, y si se llevan a cabo los presupuestos financieros, sin dejar de exigir el uso de los equipos de protección individual.
Otra deficiencia analizada ha sido la desaparición de los técnicos de seguridad y salud en cada centro de trabajo, y la poca capacitación de los dirigentes sindicales y de la administración que permiten que estos accidentes sucedan.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Injustas fusiones de entidades laborales


Por Aimée Cabrera.

Yaíma es madre soltera de un niño de 7 años; ella vive con su madre y su hermana, estudiante universitaria. La familia se sostiene con dos salarios que no llegan sumados, a la cifra de mil pesos -unos 40 CUC- razón por la cual, ninguna de las dos falta a sus centros laborales.

La madre está en la recta final para jubilarse y continúa haciendo su labor en el departamento de personal de una empresa sin importancia. La hija tuvo mayor suerte como auxiliar de contabilidad de una entidad que le suministraba una serie de comodidades.

Yaíma aún no ha cumplido los 30 pero desborda una madurez sorprendente, debido a haberse criado con un sinfín de carencias y a haber sido siempre el brazo derecho de su progenitora, para todo lo concerniente al hogar y a la familia.

A punto de independizarse y con la ilusión de comprar un cuarto para ella y su niño, tuvo que dejar a un lado todos sus sueños, cuando se dio cuenta que algo raro y no bueno empezaba a suceder en su centro laboral.

Ella narra que: “En el trabajo, todos nos sentíamos seguros, había buena comida y merienda en el comedor, nos daban un módulo de ropas todos los años, y otros de comida, aseo personal y los 10 CUC, ya nada más nos queda el dinerito que apenas nos ayuda a equiparar el sueldo.”

Esta joven trabajadora no sabe en qué parará su situación laboral, después de que hace un par de semanas tuvieron una reunión con dirigentes del nivel rector, los que plantearon sin más, que a partir del año próximo esa empresa sería fusionada con otra del mismo ministerio. No se dieron otras explicaciones con respecto a las plazas y a quien dejarían sin empleo, por lo que todos los presentes se sintieron desesperanzados.

Yaíma no es la única en esa situación. Hasta los que laboran en centros donde no se hará ninguna reubicación en el futuro cercano, temen cualquier cambio que los ponga a disposición de las bolsas empleadoras, insuficientes para solucionar las reubicaciones de tantos trabajadores.

No queda más que resumir y reconocer que la situación laboral de la Cuba actual se tambalea como el resto de los factores que condicionan la superestructura de la nación. Los funcionarios estatales y dirigentes gubernamentales parecen estar de acuerdo en sugerir más exigencia al pueblo, proporcionándoles cada vez menos bienestar.

Casi todos los habitantes de la Isla están cansados de escuchar frases y palabras manidas referentes al bloqueo económico y las trabas que su imposición acarrea al desarrollo. Cualquier forma para mejorar el nivel de vida sufre, si no al principio, al final, las trabas del centralismo enemigo de la prosperidad.

La masa trabajadora y la población pensionada o jubilada se sienten inconforme con todo lo estipulado. Las opiniones se emiten en círculos familiares o de amistades muy estrechos por el temor a las represalias, y la mayor parte de los comentarios enfilan hacia la no valoración del Estado hacia el real esfuerzo de quienes laboran con disciplina y profesionalidad, o lo hicieron por décadas.

Un reciente Encuentro Sindical celebrado en una nación latinoamericana reclamó entre otros puntos, la defensa de los derechos laborales, pero en la práctica y en Cuba, estos no son cumplidos.

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