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viernes, 2 de julio de 2010

Promociones dependientes

Por Aimée Cabrera.

La ventanilla del bar cafetería San Juan en la calle Infanta, municipio capitalino de Centro Habana, muestra una decena de ofertas de rones y cigarrillos, todos en moneda nacional.

No se venden caramelos, jugos, ni galletas. Tal parece que lo único sano que existe es el cigarro y el ron. Otros puntos de venta cercanos venden similares mercancías, son tan caras como los vegetales y las frutas, pero hacen dependencia en el ser humano que prefiere abstenerse de comer, que dejar de fumar o beber alcohol.

En días pasados se celebró en Cuba el evento internacional Estomatología 2010, que sesionó durante cinco días en el Palacio de las Convenciones. Especialistas del ramo destacaron la importancia de prevenir el cáncer bucal, el cual puede desarrollarse, entre otros aspectos, por hábitos como el de fumar y el alcoholismo.

Quedó aclarado que después de un examen en el que se detecten manchas rojas o blancas, así como ulceraciones, se debe acudir de inmediato al estomatólogo. Lo que no se aclara es lo angustioso que resulta ser atendido en una clínica estomatológica, aún si el caso es de urgencia, debido al burocratismo, al mal trato y al oportunismo de quienes se han acostumbrado a recibir dádivas por sus servicios.

Tal parece que como el cigarro y el ron aparecen por doquier, acompañan hasta a los adolescentes que se agrupan cada sábado en la tarde por los alrededores de las principales discotecas ubicadas en la céntrica zona de La Rampa-Calle 23 desde L hasta Malecón.

A pesar de que está prohibido vender estos productos a los jóvenes menores de edad, ellos se las arreglan para obtenerlos, deseosos de mostrarse exhalando humo a la vez que hablan de sus temas preferidos. Una vez que están dentro de estos locales beben ron o cerveza si lo único importante es que tengan el dinero para pagarlas.

En la noche, las chicas vestidas con ropa de marca aparecen por la avenida 23 con largos cigarrillos que recuerdan a las boquillas de antaño, acompañadas por hombres vestidos al último grito de la moda, que van con canecas (pequeñas botellas) de ron o latas de cerveza en una de sus manos.

Nadie hace un brindis con un té, un jugo o una limonada. Los limones con jugo cuestan más de dos pesos y no aparecen en cualquier agromercado, las frutas están a partir de tres pesos la libra, las más baratas; por lo que los más desesperados prefieren no perder el tiempo con elaboraciones, si es más fácil comprar lo que está listo para ser degustado.

La calidad de lo que se fuma o bebe es cambiante. Si están los antes descritos, hay otros que recogen cigarros del suelo y beben ron de la peor calidad, se ven en grupos, diseminados por los parques y las escasas paradas de ómnibus techadas, como en el tramo de Infanta que va desde 27 hasta San Lázaro.

Por allí se les ve en grupos alrededor de una botella, y pasándose un cigarrillo. Son hombres sin casa que lucen sucios, mal vestidos y de lejos, en la oscuridad, parecen bultos indescriptibles.

Unos evaden sus penas a golpe de cigarrillos y buches de ron, otros se embriagan con sus más reconocidas marcas, mientras que poco se hace por mejorar las costumbres del cubano medio, es como si se sintiera satisfacción en promover malos hábitos, causantes de efectos tan negativos en la sociedad como son la muerte y diversas enfermedades.


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