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martes, 15 de diciembre de 2009

Carta Abierta al mundo desde mi celda de castigo en una prisión cubana


Por Roberto de Jesús Guerra Pérez

Camagüey, Cuba, Prisión provisional Cerámica Roja. —Ayer me suspendieron el castigo, después de 6 días de torturas en el corredor de los tormentos. Mis hermanos de lucha no se enteraron esta vez, no hubo nadie a quien pudiera avisar.
Es la séptima ocasión que me envían al horno de sufrimiento este año. Soy un opositor pacífico, activista de los Derechos Humanos en esta pequeña Isla del Caribe. Ya cumplí 10 años de encarcelamiento injusto, precisamente por mis ideas, por ser un fiel defensor de los derechos individuales de mi pueblo.
Sufro de constantes asedios represivos, castigos, maltratos corporales y crueles torturas, aplicadas por las fuerzas represivas de los militares al servicio del régimen gobernante de mi país.
El pasado 2 de diciembre, mientras me realizaban una consulta profesional sobre mi dieta alimentaria, la doctora de la posta médica del penal, ya que padezco de diabetes, hipertensión arterial y neuropatía crónica, y el sistema penitenciario de mi país no cumple con el balance nutricional que requiere mis enfermedades, al punto de encontrarme en completo estado de desnutrición, recibí el maltrato de la doctora y el repudio de su esposo y colega quien funge como estomatólogo del penal.
Este último, galeno estimulado por la violencia policial, me golpeó el rostro dejándome completamente fuera de sí. Desconcertado no pude responder a los golpes, jamás esperé semejante ataque y mucho menos de un profesional de la salud civil.
Luego conocí que éste médico ha tenido problemas por ser adicto a las drogas y bebidas alcohólicas. Desgraciadamente desconozco las generales de éste asesino de bata blanca.
El incidente me transportó a las celdas de castigo como mecanismo de encubrir el acto violatorio, una vez más la injusticia prevaleció. Nuevamente me encontraba en el corredor de las torturas a merced de la oscuridad, el asfixiante calor, la falta de agua potable, navegando dentro de la podredumbre del medio, mezcla de excrementos, orina, sangre, y plagas de ratones, mosquito y cucarachas.
Enterrado en vida en un hueco donde solo se escuchan los lamentos de terror de los torturados que agonizan por el sufrimiento, seis días sepultado vivo, seis días al borde de la muerte. Una vez más, un rayito de sol alumbró el recinto, y en una pared con sangre algún torturado agonizando escribió ¿Derechos Humanos? Pobre alma aquella en su agonía recordó la declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobadas por un numeroso grupo de países el 10 de diciembre del año 1948.
Documento que cumplirá su 61 aniversario próximamente. Pensé tal vez, que el que escribió con su sangre no conocía que Cuba es signataria desde ese entonces de dicho documento, que los 30 artículos que recoge son violados y desestimado por el régimen y sus gobernantes, entronizados en nuestro país por medio siglo.
Allí estaba escrito con sangre ¿Derechos Humanos? Mientras en la celda contigua a la mía los sollozos de un joven que lloraba reclamando a su mamá. Me destrozó el alma. ¿Por qué lloras hijo? Pregunté, sollozando entre cortadamente me contestó, quiero ver a mi mamá. ¿Qué haces aquí, qué edad tienes?, me robé un güanajo, mi mamá y mis hermanitos tenían hambre, mi papá está preso, y aunque solo tengo 16 años de edad soy el mayor de 5 hermanos.
El primer teniente Idelio, jefe de sector del barrio Villalobos, donde resido en Camarote, me sorprendió y me envió a prisión, dice que soy un ratero al igual que mi padre. ¿Cómo te llamas? Le pregunté, me llamo Amauris Evelio Carmenate Salazar, nací el 17 de febrero de 1993. ¿Y no estabas estudiando?, le pregunté al niño._ Sí, pero ya eso se acabó, ya mi vida cambió, ya no soy un niño, Señor.
Pasé mi vista nuevamente por el letrero escrito con sangre en la pared, me vino a la mente nuestro apóstol José Martí, en el presidio modelo. Allí estaba el Lino Figueredo de Martí, reflejado en aquel niño siglos más tarde.
Ahora pregunto: ¿Cuántos Linos Figueredo encerrarán la cárceles cubanas en la actualidad? ¿Cuántos niños como Amauris Evelio son arrancados del seno familiar y enviados a las prisiones en la Cuba socialista?
Lo consolé, luego se lo llevaron y no pude conocerlo físicamente, sin embargo, su agonía prevalecerá hasta el fin de mi sentir. Letras escritas con sangre en la pared de mi celda, como Martí recordó por siempre a su Lino Figueredo.
Seis días en el corredor de las torturas, y un letrero escrito con sangre que me daba fuerzas para continuar mi lucha, allí escuche al Loco Pirro, un viejo negro que de tantas años en prisión terminó perdiendo la razón. Continúa.

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